De la Ritalina al buen alumno tunecino

« Pedro es hiperactivo », afirman la maestra, la madre y el pediatra. El diagnóstico de TDAH, establecido por el servicio de neuropediatría de un hospital público de renombre, es concluyente, asi como también la prescripción de Ritalina.
Mi primer encuentro con este niño de 8 años me permitió situar tres cuestiones fundamentales:

  1. La agitación corporal, que lo obliga a golpearse contra las paredes de mi consultorio, produciéndose moretones.
  2. Una mirada invasiva articulada a su agitacion, ya que ésta obliga a los adultos a no perderlo de vista ni un solo instante, lo cual alimenta aun mas su hiperactividad,
  3. y la agitación del lenguaje que irrumpe bajo forma de insultos e imperativos. Desde el comienzo, advierto un fenómeno singular del lenguaje : una letra « t » que invade su palabra y su escritura.

 
Construi el caso en tres tiempos logicos :

1° tiempo (Tratamiento del Otro)

Al comienzo, Pedro se presenta en posicion de amo. Coloca animalitos sobre mi escritorio y me ordena dibujarlos. En una ocasión, en vez de obedecerlo, me pongo a escribir. Golpéandose contra el escritorio, grita furioso : « Dibuja una serpiente ! » Sin interrumpir mi escritura y sin levantar la mirada de la hoja, le diré que no sé dibujar serpientes. Es ahí que por primera vez, logra sentarse frente a mi, permaneciendo un instante en silencio. A partir de ese momento, comenzaremos a dibujar juntos, fabricando pequeñas ficciones.
En una ocasion, Pedro introduce un malo que va a matarme. Dibujo buenos para protegerme, pero me dice que también son malos.
En otra ocasion, introduce un dinosaurio malo que va a matarnos. Dirigiéndome directamente al dinosaurio le digo que eso no es posible, que Pedro y yo no podemos permitir que haga daño. Mi intervencion produce risa en el niño, que por primera vez pide llevarse un dibujo.
En una entrevista, me pide que dibuje un león malo que puede matar a un caballo. Dibujo una jaula para encerrar al león (una jaula vacia). Entonces, Pedro señala que los otros animales son buenos. A partir de allí, usará una serie de entrevistas para dibujar jaulas y separar a los malos de los buenos.
En otra entrevista, afirma que su caballo le pegó patadas. Cuando me dispongo a encerrarlo, me advierte que no es necesario, que el caballo es bueno, da patadas pero es posible detenerlo. Corto la sesión. A partir de alli, los golpes y moretones desaparecerán progresivamente. Propongo al equipo y a los padres poner fin a la toma de Ritalina.
 
Intentemos elucidar, a partir de este efecto terapéutico mayor (dejar de lastimarse), el resorte analitico de las operaciones efectuadas. Por un lado, la inscripción de una negación respecto del saber, introduce un agujero y me permite presentarle a Pedro un Otro que no sabe todo : no sabe dibujar serpientes y tampoco sabe todo sobre su sufrimiento. Por otro lado, la introducción del « no » que recae sobre el dinosaurio y su acción, produce una separación entre este nino y el animal malo. La jaula, que distingue un adentro y un afuera, sirve para encerrar al elemento malo que andaba suelto. Poco a poco, Pedro logra establecer una clasificación que introduce un poco de orden en su mundo simbólico, distribuido ahora entre el conjunto de los buenos, el conjunto de los malos a los que la jaula pone límite, y un subconjunto, un animal bueno que hace travesuras, pero al que se le puede decir que no, sin necesidad de encerrarlo.
 

2° tiempo (Transplante del inconsciente)

Pedro roba animalitos de mi consultorio de manera « muy visible ». La agitación reaparece. En una sesión, en la que hace desaparecer un animalito, le digo que es un mago, cierro los ojos y agrego que los magos dicen palabras mágicas. Pedro pronuncia una y guarda animalitos en su bolsillo. Por primera vez, me pide que cierre los ojos y hace reaparecer uno por uno los animalitos. De ahí en más, comenzará a fabricar nuevos escondites (ademas de sus bolsillos).
En una sesión, en la que Pedro no puede parar de transformar las respuestas a sus adivinanzas, introduzco la escritura para intentar detener la agitación. Me pide que modifique la respuesta que acabo de escribir. Respondo que eso es imposible. Me pide un borrador para borrar. Le digo que no hay. Pedro tacha mi escritura, pero la incesante transformación de las respuestas a sus adivinanzas se detiene. A la sesión siguiente, trae su primer y unico sueño.
 
Qué sucedió en este segundo tiempo ? Frente a la no extracción del objeto mirada que afecta a este niño, cierro los ojos, redoblando de este modo la sustracción que él mismo intentaba mediante sus pequeños robos. Ademas, pego un elemento simbólico, la palabra mágica. Así, obtenemos un efecto de fort-da, manifiesto en la multiplicacion de los escondites. Frente a la imposibilidad de borrar lo escrito, el niño lo tacha, realizando de este modo una especie de pantomima de la represión, que producira un pequeno efecto de transplante del inconsciente.
 

3° tiempo (Remiendo del agujero)

Pedro relata un sueño en el que un barco se dirige a Túnez, país de origen de su padre. Le pregunto si visitó ese país. No responde. Le pregunto a qué se parece ese país. Dibuja la bandera de Túnez y me pide que deletree la palabra Túnez, para poder él escribirla.
Pedro es el menor de tres hermanos. A diferencia de él, sus hermanos mayores tienen nombres tunecinos y no presentan problemas escolares. Antes de su nacimiento, la familla se instala en Túnez, pero regresan porque la madre no se adapta. La madre ubica la ruptura conyugal en el momento del nacimiento de Pedro, en el que se sintió abandonada por su marido que se encontraba en Túnez.
Una hipótesis cobra forma : para este niño, habría algo forcluído respecto del país paterno– Túnez, que él me pide que deletree–, del cual la letra  « t », que invade su palabra y su escritura, constituiría un retorno en lo real (un pedacito de real, que no esta ligado a las otras letras).
Para intentar remendar este agujero, le pido que traiga fotos de ese país (de sus vacaciones), país que ubicaremos en el mapa, sobre el cual marcara idas y vueltas entre Túnez y Francia.
En una sesión, Pedro recorta una banderita de Túnez para pegarla sobre su sueter. Así vestido, logrará jugar al football con sus compañeros.
En una ficción, dice que su padre quiere hablarme. Convocaré entonces al padre (en la realidad), que afirmará que « lo más importante para él es que su hijo sea un buen alumno ».
Los efectos no se hacen esperar. En la cantina, Pedro pide no comer mas cerdo, « como su padre » (de culto musulman). La « t » sin ley invadirá cada vez menos su palabra, desapareciendo completamente de su escritura. Lo escolar interesa cada vez más a este niño que vendrá a nuestras entrevistas disfrazado de « buen alumno tunecino ».
 
Qué hicimos ? La bandera tunecina sirve para imaginarizar el país paterno, donde parece situarse un agujero forclusivo que intentamos remendar sirviéndonos de lo imaginario y lo simbólico. Poco a poco, Pedro se fabrica una filiación paterna. La identificación al buen alumno tunecino le permite construirse un personaje que puede compartir la clase con otros niños y avanzar en los aprendizajes. De este modo, luego de 15 meses de entrevistas, Pedro logra reintegrarse a la escuela y deja la institución.
 

La Antena Infancia y Juventud Bogotá