Archivo de la categoría: Guerra, infancia y juventud

El caso colombiano – Lizbeth Ahumada

Intervención de Lizbeth Ahumada en Radio Lacan:
 
RAdio LAcan
Haga Click aquí: Radio Lacan en PIPOL 7: «De victimas y verdugos»
Radio Lacan se suma a PIPOL 7, con una serie de podcasts sobre el tema: «Figuras de victimas y de verdugos» acompañando de esta manera la preparación del 3º Congreso Europeo de Psicoanálisis- que tendrá lugar en Bruselas el 4 y el 5 de julio 2015. Esta serie buscará atrapar, sirviéndose del significante «víctima», la manera singular como algunos personajes de la realidad o de la ficción han hecho uso de esta noción, a veces subvirtiéndola, otras descartándola, pero siempre apostando a encontrar el estilo del creador y su marca. La clínica psicoanalítica nos muestra que victima es una nominación que en más de un caso puede devenir un encarcelamiento. Se trata entonces del saber-hacer con el goce, por lo cual nuestra lectura se pone en cruz a la de la época de la «victimización generalizada». El psicoanálisis nos enseña que es del lado de las soluciones singulares que cada quien podrá dar cuenta de los malos encuentros de su historia. La invitación esta en marcha… Serie propuesta por: Carmen Conca (ELP), Laura Rizzo (SLP), Florencia F. C. Shanahan (NLS), Omaïra Meseguer (ECF) y Liliana Mauas directora de Radio Lacan, que estará a cargo de la coordinación de esta serie.

Conferencia: El psicoanálisis aplicado a los dispositivos jurídico-asistenciales

Dictada por: Irene Greiser
Fecha: jueves 14 de mayo de 2015
Hora: 6:00pm
Lugar: Alianza Francesa sede Chicó, Carrera 11 # 93 – 40
Organizado por: Nueva Escuela Lacaniana
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“La inserción social del psicoanálisis no constituye una proclama, sino la puesta en acto de una práctica que, realizada en dispositivos no analíticos, apunte a reintroducir al sujeto rechazado por el protocolo evaluativo, por las ilusiones cientificistas de la época, por los ideales del humanismo o por los delirios de normalidad. A través del ‘uno por uno’ y del ‘no para todos por igual’, solo el psicoanálisis puede reinsertar a un sujeto en lo social […] es responsabilidad del psicoanalista pensar categorías tales como Derechos Humanos, identidad, víctima e inimputabilidad desde el discurso que le corresponde y no desde la ideología» (Tomado del libro: Psicoanálisis sin diván. Paidós, 2012).
 
Irene Greiser, psicoanalista argentina, es Miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálsis (AMP). Ha publicado dos libros sobre el tema, Delito y trasgresión (Ed. Grama) y Psicoanálisis sin diván (Ed. Paidós).

Observatorio de las Libertades

Dibujo de Alonso Jiménez
Dibujo de Alonso Jiménez

 

El Observatorio de las libertades vinculado a la Línea de investigación «Guerra, infancia y juventud» de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá, inicia sus actividades el próximo 16 de marzo.

El grupo que constituye este Observatorio, sostiene un trabajo alrededor de la problemática que atraviesa y ha atravesado de diversas maneras nuestro acontecer público.
Numerosos estudios, escritos y observaciones dan cuenta de la incuestionable presencia de niños y jóvenes en la guerra que ha librado Colombia . Varias generaciones de colombianos han crecido bajo la consigna de este discurso. Porque en efecto, la guerra es una forma discursiva.

Los testimonios, la presión del Estado a pasar la página, no sin memoria, lleva muchas veces a un actuar errático que siempre conlleva el mismo efecto: la abolición del sujeto que soporta su digna expresión de vida, y clama por un otro que esté en la posición no de saber lo que se hace sino de sostener lo que un sujeto puede hacer con la marca indeleble del desamparo.

Frente al horizonte del actual acuerdo de paz que el Estado pretende hacer con los insurgentes, se ha vuelto de dominio público los términos de verdad, perdón, memoria, víctima, reparación, trauma, reconciliación. Son de hecho un lugar común, moneda gastada al servicio de un adormecimiento de los síntomas ya que se piensa en corporizar al Otro de la culpa que llevamos cada uno.
El conflicto armado se ha convertido en un elemento pret a porter de una sociedad que justifica su estancamiento o sus torpes movimientos violatorios a todas luces de los Derechos Humanos, y eso acarrea claras consecuencias éticas. Echar sobre el otro el horror de existir, eso es la guerra y su naturalización. La fragmentación, la pluralización de los grupos violentos, la «bacrimización» como residuo de  acuerdos político sociales, es a lo que asistimos en el mundo entero. La operación del psicoanálisis se fundamenta justamente en lo que es inasimilable en los Discursos del éxito y de la reconciliación. Su indicación: Escuchar a los sujetos y respetar los síntomas que producen como el límite ético de su existencia. Es la brújula que comanda la acción del psicoanálisis lacaniano en este universo contempóraneo de las prácticas.

Las personas que de alguna u otra manera se ven concernidas por los problemas planteados, en sus prácticas personales o institucionales son las convocadas.

Coordinan el Observatorio:
Guillermo Bustamante (Psicoanalista, Profesor Maestría Universidad Pedagógica)
Lizbeth Ahumada (Psicoanalista, estudios en filosofía y teología, Presidente de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá)
Andrea Hellemayer (Psicoanalista, Profesora Universitaria, Facultad de Psicología, Cátedra de Ética y Derechos Humanos, de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana),
Victor Florián (Filósofo, Profesor Maestría Universidad Nacional de Colombia).
Inicio: 16 de marzo
Lugar: Centro Cultural «Gabriel Betancourt Mejía». Universidad Pedagógica Nacional.
Calle 73 No. 14 – 53
La cita es los lunes de 1:30 a 3:00PM. Frecuencia: Quincenal.

La idea perdida de un niño

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El pasado 15 de mayo, bajo el título La idea perdida de un niño, La Línea Guerra, infancia y juventud, presentó la exposición de cuadros de Alonso Jiménez, alusivos al tema. A continuación las palabras de introducción.
Víctor Florián.
Profesor Titular U.Nacional
Bauticémosla Infantia, lo que no se habla. “ Es el estado del alma habitada por algo a lo que jamás se da ninguna respuesta… Un hijo reconoce a su padre, no por su cuerpo, sino por su nombre… Yo mismo naceré después, con el lenguaje, al salir de la infancia” ( Lyotard). Incapacidad de hablar, repite el Diccionario Abreviado latino-español.
Pero cuánto tiempo le costó a Descartes establecer la diferencia entre el hombre y el animal si no hubiera sido por el descubrimiento de la linealidad pensamiento- lenguaje con el ejemplo del loro y las urracas que aunque pueden proferir palabras, sin embargo, no pueden hablar como nosotros, esto es, “demostrando que piensan lo que dicen”.
Esta distinción viene precedida en Aristóteles por una gran Razón o multiplicidad de fines. La naturaleza no produce nada en vano, siempre procede con fines determinados. De ahí que son propiedades únicas del hombre las siguientes:
-Entre las especies vivientes, sólo el hombre tiene el lenguaje;
– La voz, en cambio, es signo del dolor y del placer y por tanto pertenece a las otras especies;
– El lenguaje existe o tiene el fin de comunicar lo conveniente y lo inconveniente, lo justo y lo injusto; la justicia es un elemento del Estado.
-El hombre finalmente tiene la particularidad de ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, que experimenta el hecho de tener sensación del bien y del mal (Política, I-2)
-El hombre entra a formar parte de una familia, y todo Estado se compone de familias.Los elementos constitutivos de una casa son el hombre y los bienes de propiedad. Desde esta perspectiva, comprendemos en la reflexión de Agamben que para Wittgenstein buscar una polis (una comunidad política) y una oikía= casa, es “el deber infantil de la humanidad”. El mundo es para maravillarse de él y la expresión más adecuada para esa maravilla “es la existencia del lenguaje” (Infancia e historia).
La pintura que hoy nos ha expuesto Alonso Jiménez Galindo y que él mismo tituló “LA IDEA PERDIDA DE UN NIÑO, Bogotá mayo 15 de 2014, tiene un profundo significado y, a la vez, nos plantea muchos interrogantes que enriquecen nuestro trabajo. Justamente una reflexión sobre la infancia ha conducido al autor a mostrarnos que “los niños no están bien”, volviendo a la oposición aristotélica entre el bien y el mal, y que la tesis contraria sería falaz. Es suficiente mencionar los crecientes niveles de violencia de los que sigue siendo objeto el niño, por supuesto indignantes, que nos afectan y nos producen dolor: abandono familiar, los desplazados, los abusados, los topos o víctimas del trabajo en las minas, los homicidios prácticamente en las puertas de la institución escolar, la trata de menores, las extorsiones, etc. Paradójicamente “la violencia sin precedentes del poder humano tiene su última raíz en esta estructura del lenguaje”( Infancia e historia).
En el XIX, siglo marcado por el historicismo, Condillac, el gran divulgador del empirismo de Locke en Francia, afirmó la tesis del lenguaje gestual como el lenguaje original (Essai sur l´origine des connaissances humaines) en términos de “Progresos que el arte del gesto hizo entre los Antiguos”. Tesis bien destacada hoy por Julia Joyaux en EL LENGUAJE ESE DESCONOCIDO que bien puede ser una herramienta importantísima para la relación infancia-historia.
El reciente siglo XX se concibió como el del lenguaje y la velocidad de las comunicaciones: radio, televisión, cine, cuotidianos con millares de ejemplares, libros de bolsillo y de biblioteca, informes económicos, políticos y sociales, documentos internacionales. Y a la práctica de estos lenguajes se sobreponen otros, no menos interesantes, del gesto y de la imagen. Podemos comprender rápidamente que unos dibujos animados, un cuadro abstracto, un aviso de sentido prohibido, un film mudo o una danza son prácticas llamadas “comunicativas”, al mismo título que las palabras de nuestro vecino o los editoriales de un periódico.
Ahora bien, el arte constituye un lenguaje tácito, un sistema de “voces del silencio” en la medida en que no se expresa siempre con medios verbales. O que, en los casos en que la palabra forme parte de esos medios expresivos artísticos, su función estética puede conducir a la paradoja (Véase R. Magritte) .En cuanto a la concepción del lenguaje como “clave” del hombre y de la historia social, como vía de acceso a las leyes del funcionamiento de la sociedad, constituye una de las características más notables de nuestro momento. La pregunta ¿qué es el lenguaje?, se podría reemplazar por otra: ¿Cómo pudo ser pensado el lenguaje? si nos propusiéramos seguir la huella de pensamiento de las diferentes visiones del lenguaje. “El sueño que Freud estudia es igualmente considerado ante todo como un sistema lingüístico para descifrar, o mejor, como una escritura… (p.256).
Agustín de Hipona en Las Confesiones nos pinta la niñez y nos informa cómo comenzamos a hablar. Las palabras del lenguaje nombran objetos, “jugar consiste en desplazar objetos sobre una superficie siguiendo ciertas reglas…”
La idea perdida de un niño es precisamente lo que está plasmado en este juego de “fantasmas” (como en el Canto de Navidad) que ha pasado por nuestros ojos. En ninguno de los cuadros podemos encontrar un rostro humano, una expresión de alegría que aumente simultáneamente nuestro deseo de existir, una mirada tierna, o una sonrisa agradable propia de un viviente humano.

Las encrucijadas del perdón

0002El perdón ha devenido una categoría política, es decir, cosa pública. En su nombre se fundamentan acciones dirigidas a reconfiguraciones históricas y culturales, a desarrollos de procesos profundos de restitución, restauración o construcción de lazos sociales perdidos o inexistentes; es, en una palabra, un término tomado como agente necesario de los cambios sociopolíticos que se producen o pueden producirse en contextos específicos. En este sentido, asistimos actualmente al escandaloso uso demagógico que en la política se hace del perdón, planteado incluso como un elemento decisivo en el campo del gobernar. Y no nos asombra que a este lenguaje del perdón se añada el del amor y el de la verdad, instaurándose como la dialéctica necesaria en un proceso de reconciliación entre varios.

En mi país, por ejemplo, el actual Alcalde de la ciudad de Bogotá, ganó las elecciones proclamando como eje central de su plan de gobierno la política del amor, ¡sí, como lo oyen, la política del amor como bandera de un gobierno! Como lo dije, ganó las elecciones. Y aunque la improvisación de sus acciones es lo más conocido de su gobierno…¡no están desprovistas de amor! Las diversas interpretaciones de un tal enunciado nos distraerían demasiado, aunque solo señalemos que de entrada no es claro si la referencia es al amor por el poder o al poder del amor… (No en vano el alcalde en cuestión es un ex guerrillero, que, una vez instalado en la política democrática, supo poner a andar las resonancias del término perdón, encarnándolo él mismo en su inserción en la vida pública). Claro ejemplo éste de la apropiación efectiva de un significante carente de sentido que comanda el discurso de gobernar y crea el lazo decisivo para una elección popular- Un significante amo, diría Jacques Lacan-: Entre menos sentido, más eficacia, más docilidad. Los políticos saben de eso.

Por otra parte, tenemos también el caso de las actuales conversaciones de paz en Colombia, donde la verdad y el perdón están en la agenda de negociaciones. La verdad, dicen las víctimas, o mejor sus portavoces, condiciona la posibilidad de otorgar perdón. Así que a la hora del perdón se le hace corresponder la hora de la verdad, entendiendo como verdad el hecho objetivo que condujo a alguien a nombrarse como víctima. En nombre de ella, de la verdad, se cree alcanzar el sustrato más real del acto en juego, y de ahí se desprende el don balsámico del perdón.

Cada vez más lo que podemos observar como propio del discurso religioso, va tomando lugares insospechados en el ejercicio mismo del poder político. La laicización del Estado es ya una ilusión. Pero…¡los dioses no perdonan! Y es que el perdón es ciertamente un legado de la tradición judeocristiana; da cuenta de una determinada moral como modo de vivir con los otros, de acuerdo al imperativo del Otro divino que perdona como ejemplo para que nosotros perdonemos a los demás.

A partir de allí, se pretende una “pragmática del perdón”, una categoría operativa para estar en paz con otros. Efectivamente en la actualidad asistimos con inquietante frecuencia al espectáculo mediático de pedir perdón, es verdaderamente un empuje frenético. Militares, políticos, gobernantes, religiosos, empresarios, sindicalistas, etc., etc. Piden perdón a una gran audiencia. Personajes tan diversos e irreconciliables se encuentran en el cruce donde pedir perdón es imperativo. Esta expresión, impropia del ejercicio público, se acomoda cada vez más a sus intereses. La moralización, la judicialización y la politización han hecho del perdón un elemento que no reconoce como tal al agente subjetivo que soporta el acto mismo de pedirlo o de otorgarlo. Porque justamente, la política se edifica allí sobre el tratamiento de las masas, allí donde se escamotea cualquier indicio de agujero en el saber, allí donde se tapona con pasiones anónimas lo que es del orden singular, allí donde no se reconoce un imposible en el decir. Desconocer los imposibles es el ejercicio del político, no del psicoanalista. Y entonces, hemos de admitir que el perdón, si lo hay, si lo podemos asir, parece nadar en aguas expropiadas.

Porque el perdón, la política y el Derecho son órdenes heterogéneos, de allí su inaccesibilidad a estos ámbitos de acción. No se puede demostrar que el perdón sea el fundamento, la vía de la consecución de un logro anticipado, por benéfico que ello sea; y, aunque es importante la observancia juiciosa de una sociedad para poder declararse responsable, se trata de la declaración del perdón como un enunciado que convierte la escena en un trivial confesionario público. A la banalización del mal le hacemos corresponder entonces la banalización del perdón.

En el trascurrir cotidiano de los sujetos y en el trascurrir de la vida colectiva, de lo público, se presentan acontecimientos de mayor o menor magnitud, como manifestaciones imprevistas de un real que marca el o los cuerpos, haciéndolos sus víctimas. Ciertamente esta andanada de enunciados lanzados al aire de lo público, está presente en el dominio de la intimidad de los sujetos, obedeciendo, eso sí, a oficios de clara estirpe terapéutica. Y es que existen, si puedo decirlo así, los terapeutas del perdón, quienes definen y delimitan la superación del sufrimiento a partir de la necesaria condición de perdonar a otro. Las bases terapéuticas: perdonar o perdonarse para poder seguir en armonía con otros o consigo mismo, quitar la piedra que obstaculiza el camino; y el perdón se constituye en el arma para pulverizar esa piedra; así se propone al menos. Es un estado final del proceso, conclusivo, cerrado, definitivo.

De hecho, pedir perdón ya no toma tiempo, brindarlo tampoco. Se hace con la inmediatez de la acción. Creérselo del todo indica una vía que tapona la hiancia que media entre un acto condenable y el perdón a ofrecer. Por ello, podemos constatar que se pide perdón para….volver a pedirlo, o se perdona para… volver a perdonar. El perdón como se ve, no brinda garantía. Son innumerables los testimonios que dan cuenta de este circuito. Ya Freud anunciaba lo que la repetición arrastraba: un empuje al disfrute pulsional que va incorporando en el recorrido la prohibición moral misma. A esto lo llamó el superyó.

Filósofos como Hanna Arendt, Vladimir Jankelevitch y Jacques Derrida plantearon la cuestión a la luz de pensar el estatuto mismo del perdón y cuestionar su destino como culminación y cierre de un proceso de duelo de las víctimas de actos criminales que han marcado la historia de Naciones y pueblos. Igualmente, coinciden en que el relajamiento del perdón es un espectáculo prácticamente cotidiano que no obedece a una decisión de la voluntad como tal, sino a un acontecimiento inicial, y también repentino y así mismo espontáneo. Es un hecho: se trata de una cuestión relativa a la esfera subjetiva, un acto en soledad. Es decir, sin el sujeto que lo concierne es una cáscara vacía que se convierte en un instrumento político y de sometimiento. Pareciera tratarse de la pregunta por el sujeto del perdón, o mejor dicho, ¿es que hay un sujeto del perdón? Por ejemplo para Jankelevitch no se puede perdonar lo que atenta contra la capacidad misma de perdonar, lo que llama la humanidad del hombre (lo más sagrado del viviente. Esto lo lleva a decir que el perdón ha muerto en los campos de la muerte). Él piensa que hay que castigar para perdonar o arrepentirse para ser perdonado. Formulación que establece, sin decirlo, la pareja especular entre agredido agresor, entre arrepentimiento y perdón.

Así, creer en el delirio del perdón como modo de dignificar la resolución de un conflicto colectivo, es, como ya lo señalara Derrida, confundirlo con la tramitación de la participación social por la vía de la reconciliación. Pero en efecto, el dicho perdón parece poner en evidencia un cambio de posición subjetiva, algo que acontece en el sujeto, en lo que interviene un intervalo entre el acto condenable y el perdón de ese acto imperdonable…sin eludir el vértigo que puede suponer. Pero si hay un cambio, una transformación en el sujeto, no hay rasero convencional que pueda valorarlo, ni correlato que pueda establecerse.

A Derrida este interés lo condujo en 1998 a visitar Robben Island en Sudáfrica, la prisión de Nelson Mandela (el documental de la visita se puede encontrar por internet). Planteó en ese lugar algunas de sus ideas relativas al perdón; tenía en efecto el marco propicio para hacerlo: Allí donde el perdón ha sido erigido en paradigma de posibilidad. Paradójicamente él concibe el perdón como una locura de lo imposible (no hay sentido, ni inteligibilidad, ni finalidad), aunque sueña, eso sí, con un perdón sin capacidad de poder o punición, cree en la esencia del perdón incondicional: a los que no piden ser perdonados, no se han arrepentido y quizás no se arrepientan, perdonarlos ontológicamente y no por sus hechos. Es claro que el filósofo pretende salir del esquematismo con que se pregona el perdón, pero él mismo cae en ello, aunque sea a título de un sueño.

He aquí un abismo entre el saber y la decisión…y, si esto incluye el perdón como ligado a un acto subjetivo, será posiblemente un efecto, no la causa. El espectro temporal relativo a la lógica subjetiva, del que hablara Jacques Lacan a inicios de su enseñanza, tiene acá todo su peso. Ese tiempo que abarca el fulgurante instante de ver, la elaboración del comprender y la definición del concluir; puede o no incluir el perdón, puesto que se trata del proceso complejo y a la vez simple de un sujeto que hace un tratamiento simbólico de lo que lo golpeó como un real imprevisible, y que lo conduce a la posible articulación del pensamiento y del acto; y el perdón en ello no es un fundamento. Puede tomar, si o no, la forma que el tiempo subjetivo le otorgue.

Pero acaso podemos sostener que el perdón y el acto que lo conmina ¿están hechos de la misma naturaleza? ¿del mismo tejido? Suponer esto es darle una continuidad a algo que no la tiene, es cerrar el círculo especular con el otro, sin pasar por el tamizaje de lo singular en juego que no tiene imagen y tampoco símbolo. Pues bien, nos interesa pensar esta dimensión singularísima e imposible en términos de lo que se inscribe como trauma para un sujeto. En este sentido, es el ámbito de lo imperdonable: Lo que desordena todo el universo de un sujeto con su imprevisible y cruel irrupción, está fuera de la ficción del perdón; lo real del trauma, esa marca indeleble que llega de la mano del Otro.

Cuando Lacan plantea el trauma como algo real, como agujero traumático usando el neologismo trou-matisme -“trou” (hueco en francés), deja en claro que no se le puede proponer a alguien que metabolice esa dimensión, tampoco en términos del perdón -del Otro. Lo real no pide perdón, a lo real no le encaja ese don, como no se perdona un huracán, no se perdona la furia de la Naturaleza. No es lo dado, no es la contrapartida de los efectos del trauma sobre un sujeto. Esto no está bajo el dominio del perdón. Existe en Lacan la hipótesis de que lo real no se deja adormecer o taponar con retóricas -como la del perdón. Ese agujero o núcleo traumático, hace hablar, no se deja hablar, puesto que en verdad él ordena el discurso. Y es en este sentido que el perdón no puede más que fracasar frente a lo real, es un semblante que no lo toca.

Es decir, veamos: La idea de un capricho como acción condenable del Otro es correlativa al sentimiento de injusticia radical, confusión de sentido que genera la idea del Otro malo al que hay que perdonar en aras de la justicia por venir. Sujetar en manos del Otro los efectos más o menos devastadores del trauma es correlativo a la búsqueda de sentido de la acción de otro, y en realidad no se debe dejar a esa virtud religiosa del perdonar, el trabajo del sujeto por aislar un mal encuentro y no convertirlo en funesto destino. De ahí la dignidad de pensar que la posición ética de un sujeto se define a partir de su respuesta frente al trauma.

En este sentido, podemos extraer esta dimensión en el perdón develando la decisión del sujeto en juego, que implica el franqueamiento de un umbral que puede ser correlativo de un cierto coraje moral, ¿por qué no? Un arreglárselas con la marca de lo acontecido; desplazando lo que ocupaba el lugar primordial: el juicio de atribución ligado al Otro. Así, se desdibuja la pretensión del perdón como el límite ético del sujeto, puesto que lo que realmente se constituye como límite es la nueva escritura que va de la necesidad a la contingencia, y ésta no es sin la vacuidad de sentido que la acompaña.

Aislar el trauma, cortar la cadena del sentido que liga al Otro y lo hace consistir por la vía de su culpabilidad, y valerse de los recursos subjetivos para que esto opere; es el camino de un consentimiento particular al deseo. Es decir, que exista el arrepentimiento, que exista la sanción del acto condenable es independiente del perdón como tal, puesto que el Uno en ese punto es irreductible al Otro. Cada sujeto deber encontrar en su singularidad el deseo vivo que acompañe la certeza íntima de estar presente en lo que le acontece.

Recordemos acá el film de François Dupeyron La chambre des officiers basado en la novela de Marc Gugain, en una escena magistral de aquel soldado, cuyo rostro fue deformado por una explosión en la Primera Guerra Mundial, y transcurre en un autobús: tratando de pasar desapercibido (había estado confinado en una habitación por mucho tiempo, escapando siempre a la mirada del Otro), se cubre el rostro con el cuello de su abrigo y su sombrero, hasta que un niño horrorizado fija en él su mirada. Expuesto y despojado por esa mirada tan solo atina a deslizar el sombrero y cubrir completamente su rostro. Un instante después desliza de nuevo el sombrero, dejando al descubierto un ojo y advirtiendo que el niño había cambiado de expresión, ahora había curiosidad. Volvió a cubrirse para descubrirse de nuevo, el niño seguía mirando; a medida que repetía la acción, había transformado con ese movimiento sutil y sencillo esa mirada que se manifestaba finalmente como el disfrute de un juego, una diversión. Hay risas de ambos lados. Finalmente se entiende que mostrando de una manera particular tan solo un poco de eso que no puede ocultarse del todo, se hace del trauma una nueva escritura.

Ahora bien, debemos decir que no todo pedido de perdón es carente de sentido. Al contrario, algunos están a la altura de su tarea como imposible, de ahí su valor, y hay que declararlo. La pareja amorosa es una evidencia. La dignidad de su discurso ciertamente no debe escamotear el alojar al perdón. Como Lacan afirma: “Lo más famoso que de las mujeres ha guardado la historia es, propiamente hablando, lo más infame que puede decirse” [lo que se dice sobre la mujer on la dit-femme, -se la difama (diffame)]. Este maldecir de La mujer, no se reduce a lo que efectivamente pueda decirse de una, puesto que en lo tocante a lo real (se trata de lo que de La mujer no puede decirse, de su goce fuera de toda regulación, de lo que como Otro absoluto es, fuera del símbolo) va más allá. No en vano, como dice Lacan: “¿No es acaso con el enfrentamiento a este impase a esta imposibilidad con la que se define algo real, como se pone a prueba el amor?” Vacilar frente a este impase es lo que conduce o puede conducir a pedir perdón, porque en efecto “el amor requiere de valentía ante fatal destino”.

Por consiguiente, estar a la altura de tal valentía, significa que es importante, a veces fundamental, que un hombre pida perdón a una mujer, en ocasiones puede ser un llamado a la hora de la verdad para un hombre, sin olvidar por demás, que, como Lacan lo afirma, es eso lo que una mujer le representa; pero en fin, “ciertamente es más fácil para el hombre enfrentar cualquier enemigo en el planteo de la rivalidad que enfrentar a la mujer, por cuanto ella es el soporte de esta verdad, [el soporte del hecho de que hay semblante en la relación del hombre con la mujer]”

Digamos entonces que lo imperdonable de la estructura afectada por la falta, es que, en el caso de las mujeres, siempre serán maldichas, habrá alrededor de ellas un maldecir por estructura digamos. Pero cuando un hombre encarna este maldecir, debe pedir perdón incluso por la estructura! (este pequeño forzamiento no desdice la verdad a la que apunta) O sea, gozar del maldecir, aliarse a este punto de la estructura sin el velo noble de un esfuerzo ético de bien decir, sería por lo que a una mujer se le debe pedir perdón. A sabiendas que este pedido no disuelve en absoluto la verdad de la estructura, da forma poética si se quiere, a la falta que nos habita. Y esto no es poco.

A propósito, termino con el poema de Bécquer: “Asomaba en sus ojos una lágrima, y a mi labio una frase de perdón. -Habló el orgullo y enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. -Yo voy por un camino, ella por otro, pero al pensar en nuestro mutuo amor -yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”. -Y ella dirá: “Por qué no lloré yo?”

 

Por la preservación del Parque de la Memoria en Argentina

¿a la memoria le falta realidad/a la

realidad le falta la memoria?/ ¿qué hacer

con la memoria/con la realidad…?

Juan Gelman

 

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Esta imagen de la escultura colocada sobre las aguas del Río de la Plata se asocia inmediatamente al Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, el Parque de la Memoria de Buenos Aires.

Fue inaugurado el día 7 de Noviembre de 2007. Coronando los esfuerzos de varios organismos de derechos humanos que se unieron, una vez restablecida la democracia, con el propósito de impulsar la creación de un espacio de recuerdo, de reflexión, vivo, para los vivos, destinado a cuidar la memoria de los ausentes.
La idea de este singular monumento fue concebida como una gran estela funeraria con forma de una herida abierta en la tierra, que llega al borde del río, y del que recibe su reflejo plateado en los días de sol.  Se compone de cuatro estelas de hormigón que contienen treinta mil placas de pórfido patagónico color gris, grabadas con los nombres de hombres, mujeres y niños víctimas del terrorismo de Estado. Digitado por la dictadura militar que se apoderó de la Argentina entre los oscuros años 70 y 80.
El arte se une a la memoria a cada paso, y el visitante entra a formar parte de la realidad de esos recuerdos. El relato de los hechos que propiciaron que los enemigos de la humanidad llevaran a cabo sus atroces designios está concebido como un sendero en el que las esculturas son las huellas, los carteles, los mapas, las señales. De un único mensaje: No olvides. Un camino que cada quien es invitado a hacer en soledad, y en silencio.

En los primeros días de enero de 2014 una noticia tremenda se difundió por los medios de comunicación. El trabajo de las personas que se ocupan de que este lugar mantenga sus principios ofreciendo información, actividades culturales y eventos artísticos, estaba en peligro. No sólo eso, estaba en riesgo la continuidad del Parque, a pesar del valor trascendental que tiene para las familias de desaparecidos. A pesar de su radical importancia en la formación de los jóvenes, porque lo que allí se recuerda les sitúa en la cadena de las generaciones y les vincula a una experiencia de duelo colectiva, a una ausencia sin fin que va más allá de lo personal. Porque afecta a la sociedad en su conjunto, también a quienes les incomoda y quisieran el confortable olvido.

Si este afán destructor prospera, podría perderse un símbolo de la verdad y la justicia de un pueblo que admite los crímenes del Estado sobre sus gentes indefensas y que le ha convertido en un centro de referencia mundial, emblema de los derechos humanos internacionales.

Intereses partidistas, oportunistas, han originado esta amenaza al Parque de la memoria y a su contundente realidad.

Unámonos a los trabajadores del Parque.  Pidamos al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que respete sus derechos, que cuide de ellos, formados y comprometidos en una  labor tan necesaria.

Reclamemos que custodien nuestro Parque, amparo de nuestra memoria, ahora y siempre.

 

Vilma Coccoz

 

Notas:

-Las reacciones a las intenciones manifiestas del subsecretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural porteño, Claudio Avruj no se hicieron esperar.

En la Carta dirigida por un colectivo internacional de personalidades de todo el mundo al Alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri , puede leerse: “Con perplejidad y preocupación, nosotros, académicos de distintos países comprometidos con el estudio de las culturas y políticas de la memoria, nos hemos enterado de la advertencia comunicada por su gobierno”, arranca la carta dirigida a Macri y a Avruj que, entre muchos otros, firman Jens Andermann (Universität Zürich, Suiza), Andreas Huyssen (Columbia University, EE.UU.), Macarena Gómez Barris (University of Southern California, EE.UU.), Cecilia Sosa (University of East London, Reino Unido), Kristen Mahlke y Mariana Eva Pérez (Universitât Konstanz, Alemania), Pilar Calveiro (Benemérita Universidad de Puebla, México), Mauricio Lissovsky (Universidade Federal do Río de Janeiro), Ernesto Laclau (University of Essex, Reino Unido) y Chantal Moufee (University of Westminster, Reino Unido). Los firmantes llaman la atención sobre un recorte salarial que “no se extiende a funcionarios de otras áreas y servicios de la Ciudad” y manifiestan su preocupación por “tal singularización de los trabajadores del Parque”.

Los académicos consideran al Parque porteño como “ejemplo paradigmático de conmemoración de víctimas de violaciones de derechos humanos”. “Al facilitar un lugar abierto para el duelo, el Parque ha puesto en diálogo a familiares y compañeros de las víctimas con sectores amplios de la sociedad y aún con visitantes extranjeros”, explican. “El Parque de la Memoria es un lugar ganado por la sociedad civil porteña, estudiado con interés y admiración por el mundo académico internacional. Intimidar a sus trabajadores es una actitud indigna de un gobierno democrático”, enfatizan. Por último, expresan su “solidaridad con los trabajadores del Parque de la Memoria y nuestro más enérgico repudio a las medidas de recorte salarial y presupuestario anunciadas por su gobierno”. Extracto del artículo publicado en Página 12 (18/1/2014)

 

-He publicado una petición en Avaaz.org en la que transcribo el texto de los trabajadores para pedir la protección del Parque de la Memoria.

https://secure.avaaz.org/es/petition/gobierno_de_la_ciudad_de_buenos_aires_Proteger_el_Parque_de_la_Memoria_y_sus_trabajadores/edit/

 

 

 

 

¿Se educa para la paz?

 
 
foto víctor florián
 
Por Victor Florián
 
Que los problemas de la democracia y la política, la cultura de la paz y el papel de la educación sean de interés común no es difícil advertirlo en este momento, pues sin lugar a dudas un examen de cifras y estadísticas podrá llevarnos al hundimiento en la perplejidad. ¡Defendamos la vida, hay que defender la vida!, son voces que no pueden pasar inadvertidas ante el fenómeno de la violencia objetivamente perceptible y, en cuanto tal, de múltiples dimensiones y efectos. Violencia que a lo largo de la historia del país se despliega en sus diferentes formas: intrafamiliar, sexual en niños y niñas, reclutamiento de niños y jóvenes, bullying escolar, crecimiento de desplazados del campo a la ciudad por el conflicto armado.
Nuestra Constitución colombiana de 1991, artículo 22, nos dice, sin rodeos, que “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Afirmación bien sencilla como puede parecer, pero al mismo tiempo tan compleja cuando se la examina en sus alcances teóricos y en su realización práctica. Es un derecho fundamental y se exagera apenas al admitir que no se puede alcanzar con fórmulas mágicas y recetas publicitarias ni que depende solamente de la voluntad de un individuo o de un deseo colectivo. La paz no es un simple deseo y es preciso reconocer al menos en clave aristotélica que cuando se quiere ir primeramente al por qué, al conocimiento por las causas y a su pluralidad en una misma cosa o fenómeno, no basta detenernos en ellas teóricamente cuando creemos conocer. Sabemos que hay que generar empleo, emprender reformas y mejorar las condiciones de vida , que hay que ir más allá de ese discurso que perteneciendo a la esfera de la paz no sería más que un flatus vocis, un vacío de pensamiento o un pensamiento del vacío que le daría la razón a Mefistófeles cuando reconoce “que sería mejor que nada existiera… porque todo lo que existe es digno de ser destruido”, o a la sabiduría del viejo Sileno con su reveladora sentencia a la raza efímera y miserable de mortales (Nietzsche, Nacimiento de la tragedia).
Hoy día podemos preguntarnos qué fuerza es esa que tanto tiempo se ha mantenido tan activa en medio de nosotros como una característica que nos recuerda al soberano antiguo con su derecho de vida y muerte o forma del poder ejercido como “un derecho de captación”, especie de derivado de la patria potestad entre las familias romanas, derecho del padre para disponer de la vida de los hijos y de los súbditos, pero también de suprimirla. Tenemos claro que es un fenómeno que esculpe nuestro panorama social a tal punto que hemos olvidado que constituye no algo reciente, sino permanente en nuestra historia, quizás ahora con una mayor diversificación y demarcación de “zonas de miedo”.
“La corta vida de Carlos”, se lee, es una nota periodística complementaria a la información sobre el asesinato de un joven de 14 años, que cursaba noveno grado, cantaba rancheras y por esto aspiraba a llegar a ser mariachi (El Tiempo, 3 de octubre de 2013). Podríamos continuar con otra información todavía más dramática y escandalosa que afecta nuestra existencia cotidiana porque involucra entre los victimarios de la violencia sexual a un familiar (39 por ciento), a un conocido (9 por ciento), a un amigo de la casa (9 por ciento), a un vecino ( 8 por ciento). En otro caso, luego de que el presunto asesino de un niño de cinco años fuera enviado a la cárcel, hay el contraste más desconcertante del “pido perdón” como si la fórmula ritual del perdón contribuyera a borrar lo que en sí es imperdonable.
“La guerra y el valor han hecho cosas más grandes que el amor al prójimo” declara Nietzsche al proponer y proclamar el superhombre y , por consiguiente, al hombre de una nueva cultura. El hombre creador, inventor, en posesión de la voluntad creadora y liberado ya de ideales trascendentes como Dios, la moral, sustituye los valores tradicionales por sus contrarios: el amor al prójimo por el amor a lo más lejano, la humildad por el orgullo, la paz por la guerra. Pero lo que se juega en esa sustitución es una inversión en la manera de evaluar y de valorar y, por tanto, una fidelidad permanente a la vida. Las armas es una verdad de Perogrullo, no engendran vida, eso lo sabemos.
El tema, el vocabulario, el miedo, siguen apoderándose de las mentes de todos. Es en este contexto como vemos aparecer un mundo diferente de zonas por las que da miedo caminar. Son nueve sectores en Bogotá llamados “zonas de miedo” por los riesgos que implican transitar por ellos y ser víctima de algún delito.
Esta breve reflexión sobre los índices de la violencia sin ninguna pretensión de diagnóstico deja suficiente claridad sobre dos fenómenos que llaman la atención y por esto mismo son preocupantes para las instituciones de gobierno, salud, educación, la Dirección de Seguridad y el ICBF en la perspectiva de poner término a todo aquello que está causando sufrimiento y dolor. En segundo lugar, el maltrato infantil, el abuso sexual seguido del asesinato de la víctima, la vulneración contra niñas y adolescentes en embarazos tempranos requieren acciones inmediatas que garanticen el derecho a vivir y desarrollarse dignamente.
Infantia en sus raíces latinas significa incapacidad de hablar. Giorgio Agamben emprende una interesante discusión a partir de la siguiente pregunta problemática: ¿existe algo que sea una in-fancia del hombre?. ¿ Cómo es posible la in-fancia en tanto que hecho humano? Y si es posible, ¿cuál es su lugar? La discusión es llevada a un plano lingüístico y circular por el cual infancia y lenguaje se remiten mutuamente, “la infancia es el origen del lenguaje y el lenguaje, el origen de la infancia”(p.66). Lo que distingue al hombre del animal no es la lengua en general, sino la diferencia entre lengua y habla, entre lo semiótico y lo semántico, sistema de signos y discurso, afirma. Ahí están la historia (pero no como proceso cronológico) y el hombre como ser histórico.
 
 
 

Seminario ¿Qué tratamiento posible para los autismos y las psicosis infantiles? Respuestas del Psicoanálisis

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Este seminario abierto, busca realizar una actualización y puesta al día del debate y de las posturas principales del psicoanálisis lacaniano con relación a la clínica del autismo y las psicosis, en contraste con otros modos de intervención. El recorrido contiene diferentes aspectos: Primeramente interesa especialmente significar la enseñanza de los testimonios escritos existentes de sujetos autistas, acerca de un funcionamiento particular que contiene en sí mismo la “solución” que cada uno encontró; como también darse a la tarea de extraer los principios que fundamentan las diversas propuestas de intervención terapéuticas existentes que derivan en concepciones más o menos ocultas a la luz del interés por entender la subjetividad que está en juego en el autismo. El tratamiento psicoanalítico esgrimirá sus razones a la hora de dar cuenta de lo que orienta su práctica, no sin considerar lo que entiende como una absoluta novedad en el esfuerzo que puede hacer un sujeto para encontrar un lugar menos inhóspito que el del radical aislamiento del Otro. No obstaculizar este esfuerzo es lo que el psicoanálisis encuentra como la dignidad de su acción.
Posteriormente, el campo de las psicosis como tal y el diagnóstico diferencial con los autismos, permitirá nutrir una clínica con las consecuencias éticas que requieren pensar las maneras de tratar los síntomas que un sujeto puede presentar y sostener las estabilizaciones logradas en diferentes ámbitos de desenvolvimiento del niño o del joven.
*Este seminario se enmarca en la línea “Propuestas de Intervención clínica para las psicosis y autismos en niños y jóvenes. Hacia una práctica dialogada”, de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá.
Para asistir al seminario se debe tener como condición una práctica de intervención activa y/o estar concernido por el tema en cualquiera de las vertientes posibles: trabajo institucional, investigativo, clínico, educativo, etc.

  • Responsables: Lizbeth Ahumada, Laura Arciniegas, María Solita Quijano, Emilio Herrera
  • Horario: lunes 12:o0am semanal
  • Inicio: febrero 26 de 2017
  • Lugar: Nueva Escuela Lacaniana (Cra. 11B No. 99-54 Of. 602)

Ubicación:
 
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