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Reseña Semana de Sensibilización Sobre el Autismo Bogotá y Medellín

La siguiente nota nos la ha hecho llegar Diana Paola Currea Triana, Licenciada en Educación con Énfasis en Educación Especial de la Universidad Pedagógica Nacional.  En ella presenta su reflexión sobre las actividades realizadas en Bogotá y Medellín en el mes de agosto, a propósito de la visita a nuestro país de Brian R. King.

Espejo 1Un maravilloso hecho para reflexionar es el que cada criatura se constituye como un único y profundo secreto y misterioso. Charles Dickens 

Durante la semana del 26 de agosto del 2013 se llevó a cabo una  jornada de sensibilización  sobre el autismo entre Bogotá y Medellín, allí tuvo lugar un evento académico en donde un grupo de ponentes  expertos en la temática  y elogiados por su labor frente a esta población,  brindaron tanto a padres y a  profesionales  de múltiples disciplinas,  una serie de estrategias claves para  lograr un acompañamiento efectivo, que permita una mejora en la calidad de vida no solo de la persona con  autismo, sino de su  grupo familiar; de igual forma, se dio lugar  dentro de esta apretada agenda para disipar  dudas, a  Brian R. King L.C.S.W., autor de diversos temas de exposición en autismo, coautor del libro: Asperger´s and Related Conditions, con Jessica Kingsley, presidente fundador de Brian R. King International (consultores), consultor de Best Buddies International Autista y padre de tres hijos autistas, quien desde su experiencia como autista asperger y desde el marco de la crianza de sus hijos buscaba derribar aquellos imaginarios equívocos sobre las personas  con trastornos del espectro autista y aclarar aquellas particularidades que son ineludibles, las cuales deben ser abordadas adecuadamente para no llegar a la exclusión inminente.

Entre las temáticas expuestas encontramos: aquellas particularidades que los padres deben saber sobre su hijo con autismo, cómo generar estrategias pedagógicas de intervención efectivas y el impacto  de los profesionales en educación y del área de la salud en el  proceso de aceptación de los padres.

Así mismo, la noche del 28 de agosto Brian R. King respondió varios interrogantes durante el conversatorio realizado minutos antes a la presentación de la obra de teatro, allí las preguntas realizadas fueron: si sus hijos habían sido víctimas de bullying y cómo lo había afrontado y cómo lograba comunicarse de manera efectiva entre los miembros de su familia considerando que todos presentan autismo, ante lo cual, al primer interrogante responde (parafraseando):

En algún momento mi hijo  mayor lo vivió de alguna forma, por lo cual yo hable con las directivas del colegio y les exprese  que si no abordaban  este tema con eficacia yo  ingresaría al aula con él  para estar pendiente de sus proceso  y garantizar su bienestar”.

A continuación, aborda el segundo interrogante, al cual responde:

Entre los miembros mi  familia acordamos  ser  lo más específicos posibles a la hora de comunicarnos algo, nosotros procuramos no ser muy abstractos en este proceso”.

De igual forma, fue presentada en el Teatro de Bellas Artes en Bogotá la obra de teatro El mundo de Yi-Zu, realizada por los niños, niñas y jóvenes de la Fundación Integrar y Canto Alegre; ésta nos   enseñó el valor y la inminente necesidad de la inclusión social de las personas en condición diversa. Allí se relata una historia muy interesante en donde milenios atrás, en los lugares más recónditos de la tierra, los seres no eran humanos, no existían estas divisiones no habían  límites y desigualdades, en ese entonces estos seres denominados homínidos, desarrollaron lo que llamamos inteligencia, pero con ella sobrevino la capacidad de excluir al otro y de dañar su  propia naturaleza en aras de establecer un mejor estatus.  La obra relata la historia de un rey padre de cinco hijas, llamadas La, Le, Li, Lo y Lu,  quien debe tomar la decisión de permitirles conocer el mundo, mundo que en su criterio no permite la aceptación de lo diverso.  Su preocupación principal radica en el aspecto de sus hijas, que por demás es diferente, y él considera que los habitantes de ese mundo exterior las van a lastimar.  Esto lo ha llevado a aislarse, estableciendo una coraza de miedo. Por su parte, las princesas, quienes en el furor de su juventud desean explorar el mundo y tienen la maravillosa ternura e ingenuidad propia de su edad, piden desesperadas a su padre realizar un viaje para explorar ese nuevo contexto.  Tanta sería la persistencia de las cinco princesas que el rey accede con gran temor y se aventura, zarpa y recorre mágicos lugares en donde se encuentra con la agradable sorpresa de encontrar otros seres diversos quienes acogieron a sus hijas de la mejor forma y les permitieron descubrir otras posibilidades, al final el rey comprende que el mundo en si es diverso y que sus hijas no son diferentes, que solamente eran diferentes en su percepción.

Cabe resaltar que eventos de este talante se hacen necesarios para crear conciencia apropósito de las poblaciones en condición diversa, que encontrándose en las aulas de nuestro sistema educativo son invisibles  antes los ojos de los profesionales de la educación y profesionales de apoyo, quienes por falta de conocimiento temen realizar la intervención,  pues consideran que estos niños y niñas deben encontrarse en instituciones especializadas, sin antes considerar aquellas particularidades y potencialidades que, con la debida flexibilización curricular, podrían ser empleadas dentro del desarrollo de la estrategia de intervención, como herramientas de trabajo efectivas.  Sería necesario entonces  realizar más jornadas en la búsqueda de derribar aquellos mitos que tanto la familia como la escuela no logran dejar de lado, los cuales excluyen todo lo diverso y continúan sepultando los procesos de inclusión. Más bien se podría pensar en tratar de no centrar nuestra completa atención en el déficit y más bien volcar nuestra mirada, como se cita en el inicio de este escrito, en las múltiples posibilidades de descubrir los maravillosos misterios que cada ser, único en su diversidad, tiene para brindar.  Solo así la inclusión pasará de ser un hermoso discurso que está en boga hoy por hoy y se convertirá en realidad.

Diana Paola Currea Triana

Licenciada en educacion con énfasis en educacion especial

Universidad Pedagógica Nacional

Los autistas en la ficción

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Autora: Vilma Coccoz
Foto Vilma Coccoz(AME de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de España (ELP) y Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Docente del Instituto del Campo Freudiano. Responsable del Departamento de Psicoanálisis con niños del Nuevo Centro de estudios Psicoanalíticos (NUCEP): institución que desde hace décadas ha investigado muy especialmente la clínica del autismo y las psicosis. Responsable del Grupo de Investigación de las psicosis del NUCEP. Docente de diversas institucionales de orientación lacaniana. Autora y coautora de varios libros, publica regularmente en revistas especializadas en español, francés e italiano. Reside en Madrid, España).
La película I rymden finns inga känslor, del realizador sueco Andreas Ohman, traducido en España como El tonto o el simple Simon tiene como principal protagonista un adolescente afectado por el síndrome de Asperger. Es un indicio del cambio de los tiempos, porque las ficciones contribuyen a hacen pasar lo real al discurso, favoreciendo así su humanización, su incorporación en la vida de los seres hablantes.
Freud estimaba que los atormentados personajes de Dostoievsky anticipaban los hallazgos del psicoanálisis. Las experiencias subjetivas de Raskolnikoff, Dimitri, Aliosha, Ivan…que toman cuerpo en las ficciones literarias del escritor ruso serían homólogas a aquellas que revelaba la traducción analítica de los síntomas. Los sufrimientos y traumas que aquejaban la subjetividad neurótica en su denodada búsqueda de resolución vital, los avatares de la culpa, el peso de los fantasmas, la decadencia del padre para regular el deseo….
En las últimas décadas, además de la proliferación de los llamados por Donna Williams “autitestimonios”, han visto la luz personajes literarios como Lisbeth Salander de Milenium, Mattia y Alice, de La soledad de los números primos, Christopher Boone de El misterioso caso del perro a medianoche… Muy distinta es la experiencia subjetiva que presentan estos relatos a los del siglo XIX. Seguramente veremos aparecer, cada vez con más frecuencia, también, películas como la sueca, que me resisto a nombrar con la traducción española. Porque Simon no tiene nada de simple, ni de tonto.
A Simon le interesa el estudio de la Astronomía porque en el Universo reina el silencio y el orden. Cuando la intromisión de las palabras reales de su familia hacen demasiado ruido y se vuelven insoportables –fenómeno que se suele denominar hiperacusia-, él se aísla en un cubículo metálico que hace las veces de nave espacial y se piensa en el espacio, a salvo de las palabras y de sentimientos desbordados. A salvo del caos. Sólo su hermano, simulando una conexión entre la base terrestre y la nave, cambiando el tono de voz, consigue que salga de su encierro.
“Atención, no me toques, tengo Asperger” será el lema de Simon cuando se aventure a andar por la calle.
Hecha con gran sensibilidad y respeto por el singular y extremo sufrimiento autista, esta película es el relato de la salida del estado “congelado” en el que se encontraba Simon, como defensa radical ante la angustia indecible que le producía el contacto con los demás.
A sabiendas de que él no puede vivir sin su hermano, pero que su hermano no puede vivir sin una novia, dedicará todo su esfuerzo a crear el mundo que le conviene. A través de esta peculiar empresa, conseguirá interesarse por el mundo del que antes huía y a disfrutar con los lazos que se van tejiendo gracias a las palabras.
 

Los niños autistas también son dueños de sus decisiones

 
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Autora: María Solita Quijano
Foto MAria Solita
(Psicoanalista. Asociada de la Nueva Escuela Lacaniana.  Docente de la Universidad Los Libertadores).
 
 
 
“Los autistas son sujetos a quienes hay que tomarse en serio. Aquellos de entre ellos que escriben, se expresan para hacer saber que son seres inteligentes y piden ser tratados con más consideración, además de apelar al respeto de sus invenciones elaboradas para contener la angustia. ¿Acaso desearían ellos que se prohibiera legalmente su escucha para someterlos, lo más a menudo sin su consentimiento, a métodos de aprendizaje?¿habrá que tomar partido por obligarlos, o bien por escucharlos?” dice Jean Claude Maleval, psicoanalista francés, en su libro de reciente edición en Francia ¡Escuchen a los autistas! (2012, Grama).
Recientemente estuvo en Bogotá Bryan King y su esposa, los dos autistas, invitados por la Fundación Integrar y la Liga del Autismo. En una serie de actividades en las cuales ellos compartieron sus experiencias y elaboraciones en relación con el autismo, King hizo escuchar una serie de consideraciones respecto a lo él llamó “paternidad positiva”.
En esta importante actividad dirigida a padres de familia, King presentó sus ideas en un estilo directo, sencillo y preciso, y en su estilo resuenan las palabras que propone Maleval.
Las palabras de King tomaron su fuerza de la forma como organizó sus ideas en una serie de oposiciones con las que quiso transmitir la importancia de “ser conscientes de lo hacemos y lo que decimos” porque nuestro lenguaje, como él dijo, tiene consecuencias.
Habló de responsabilidad en oposición a la culpa en el sentido de transmitir al niño que él es el dueño de sus sentimientos y sus decisiones; entiende por culpa que el niño se ubique a partir de lo que se le dice como “lo que me pasa es culpa de alguien más”; dice King “les decimos a otros que son responsables de nuestros sentimientos…cuando le decimos al niño: sabes que eso me enoja” el niño no puede ubicar el enojo como propio sino como del otro, pero a su vez toma ese enojo como una orientación donde “eso –su enojo, el del adulto- me hace enojado.” Así, el niño no puede ubicar el enojo como propio ni aquello que lo origina.
Es lo que Donna Williams, autista de alto nivel, refiere como formas que algunos autistas tienen de dar sentido a las cosas, es decir, tomándolas para sí en su literalidad; esto tiene que ver con la particular relación que tienen los autistas con el lenguaje. Es parte de lo que el psicoanalista escucha, aún en el silencio.
King también se propone oponer “retroalimentar” con “crítica”, que implica decirles a los niños qué tan efectivos están siendo, decirles por ejemplo “…entiendo que estás aburrido o algo, pero no puedo ayudarte si no me dices…. Yo tampoco entiendo, pero eres tú el que tiene que entender, podemos encontrar juntos una herramienta.”
Crítica por el contrario sería señalar todo lo que hizo mal, cosas por las que él ya se siente mal, dice King; decir “deja de gritar” sería una orientación de este tipo, dice King.
“Compasión” frente a “pesar” es para King transmitir que otro ser humano tiene los mismos sentimientos que nosotros; menciona una anécdota suya de ese día: “hoy alguien quería ayudarme a arreglar el cuello de mi camisa y a pesar del lenguaje (no hablo español) entendí que alguien quería cuidarme”. El pesar que es del tipo “mi pobre hijo con autismo, discapacitado…aunque no tenga intensión, hace que los otros lo vean así…”.
Respecto a lo que llama “permiso” opuesto a “imposición”, cuestión especialmente afín con la orientación psicoanalítica que pide escuchar y aprender de los autistas, King considera que el permiso que él propone “es un signo de respeto muy importante para el ser humano”, en oposición a la imposición que es, dice, “cuando ustedes ayudan, dan consejos sin que se les pida, puesto que se acaba de imponer sobre la experiencia del niño”.
Respecto de la comunicación, dice que es importante diferenciar el “clarificar” del “asumir”. Clarificar se refiere, para él, a tomar algo que asumimos y ver si está mal o no “¿te molestó? ¿Te causó incomodidad? Esto me da la posibilidad de enderezar las cosas… Se eliminan los malentendidos, a los niños les ayuda…”. Mientras que asumir “es cuando nos damos el derecho de leer la mente del otro y no tengo que preguntar. Esto nos hace tener problemas, herir sentimientos…”.
Opone “gratitud” a “derecho”, lo que sugiere una perspectiva muy interesante a las implicaciones que él encuentra en lo que promueve la transmisión de lo que se da por derecho en la idea de “tú lo mereces” pues, dice, “promueve una rabia porque no se le da suficientemente rápido o completo…”; mientras que lo que llama gratitud “en su mejor sentido es ser agradecido por lo que se nos da aunque no lo hayamos pedido…”.
Finalmente, dice a los padres que “nos latigamos porque no somos perfectos; pero nadie sabe qué va a pasar con nuestros hijos…hay que permitirse no saber todo, permitirse ser un estudiante, usar el sentido común… ser vulnerable, imperfecto, darnos el permiso de aprender aunque duela”.  En sus palabras podemos oír su experiencia de padre y de autista, porque los autistas que como él han enseñado sobre sus invenciones para hacerse un lugar en el mundo, nos dejan saber lo que por nuestra parte, como psicoanalistas, terapeutas, educadores, conviene que sepamos acompañar.

Le Courtil o la Práctica entre varios

Le Courtil (Bélgica)

El siguiente escrito de Bernard Seynhaeve nos introduce a Le Courtil, una institución belga que desde hace tres décadas se ocupa de acoger niños denominados “difíciles” o con diversos diagnósticos psiquiátricos (http://www.courtil.be/courtil/).  La experiencia transmitida por el autor de esta nota nos sumerge en una institución que ha sabido valerse del psicoanálisis para producir, tanto para los sujetos atendidos como para los propios profesionales, un lugar en el que es posible inventar; que, a ritmo propio, cada sujeto implicado cuente con las condiciones necesarias para que pueda producir su invención singular.

Autor: Bernard Seynhaeve

 Le Courtil acoge niños que presentan lo que se denomina “problemas de personalidad” o incluso “problemas de comportamiento”. Desde la perspectiva pedagógica, se trata de niños que no se inscriben —o se inscriben mal— en el lazo social. De ellos se dice que son niños agresivos o, por el contrario, apagados, y nuestra misión consiste en desplegar todos nuestros esfuerzos para intentar su re-integración en la ciudad. Desde la perspectiva médica, se explica que ellos presentan uno de los numerosos mono-síntomas que el mundo contemporáneo ha puesto en el mercado. Son hiper-quinéticos, anoréxicos, bulímicos o disarmónicos, TED [Trastornos Específicos del Desarrollo], o, según el DSM-4, que sus síntomas competen al espectro autístico. En consecuencia, nuestra institución se inscribe en la lógica de la misión reparadora del Otro.

Entonces, ¿es posible alojar el discurso analítico en el corazón de la institución, es decir, subvertir la institución mediante el psicoanálisis? En referencia a la enseñanza de Sigmund Freud, de Jacques Lacan y de Jacques-Alain Miller, la experiencia de Le Courtil intenta responder a esta pregunta.
¿Cómo se inventó Le Courtil? Hubo algo de contingencia. Le Courtil nació de un encuentro, hace 30 años. Un feliz encuentro entre el nuevo director y el joven psiquiatra de la institución permitió que el proyecto comenzara. Alexandre Stevens, psiquiatra de esta institución que acoge niños etiquetados como “débiles”, deseaba tomar a cargo un pequeño grupo de niños, los más difíciles de la institución, con el fin de establecer un lugar de acogida cuya clínica se orientara por el psicoanálisis. Mi deseo de director estaba tomado por esta idea. Poco a poco, numerosos profesionales vinculados al psicoanálisis siguieron rápidamente y contribuyeron a través de su trabajo clínico y teórico en la elaboración de la experiencia.
Para mí, fue el encuentro con el psicoanálisis. Yo estaba atrapado, lleno de anzuelos. La transferencia había operado. Lo particular en esta experiencia institucional es que fue a mí a quien le llegó; yo, que venía de enrolarme como director de esta institución. Los efectos de este encuentro serían asombrosos, considerables e inesperados.
Para mí mismo, en primer lugar. En efecto, yo iba a engancharme rápidamente en una relación analítica que me llevaría al pase.
Para la institución también, ciertamente. Ella cambia algo, pues aquel llamado a dirigirla, se deja interrogar por el discurso del psicoanálisis.
Este encuentro entre el director y el psiquiatra, ambos analizantes, permitió que el discurso analítico se alojara en esta institución y la subvirtiera profundamente. Rápidamente hubo algunas otras personas que llegaron Le Courtil para constituir una verdadera comunidad de trabajo. Esto permitió que, progresivamente, una parte importante del personal hiciera, él mismo, una transferencia analítica, que varios de ellos se engancharan en una experiencia analítica personal y que, cada vez más, los jóvenes candidatos a ocupar las vacantes hayan presentado su candidatura en la medida en que ellos mismos hacían la hipótesis del inconsciente, en la medida en que ya estaban enganchados en una relación analítica. Es esto lo que ha hecho decir a Éric Laurent que, en Le Courtil, los trabajadores son analizantes civilizados. Fue así como se inventó Le Courtil. Era la puerta abierta a ese campo que Jacques Lacan definió como aquel del psicoanálisis aplicado a la terapéutica y que Jacques-Alain Miller ha realzado mediante el invento de un significante para designar el estilo de algunas instituciones del RI3: La práctica entre varios.
Esta experiencia perdura desde hace más de 30 años.
He aquí cómo Alexandre Stevens, quien está desde el origen de la experiencia, define el estilo de Le Courtil:
«Cuando decimos que Le Courtil es una institución orientada por el psicoanálisis, ¿qué designamos concretamente? No hay curas analíticas en Le Courtil, y es muy importante subrayarlo, pero sí un uso práctico del psicoanalista. Queremos, mediante esta alternativa, evitar un doble escollo: el del psicoanalista especialista y el de la institución sala de espera del psicoanalista. El psicoanálisis irriga el trabajo, un gran número de los miembros del equipo están, o han estado prolongadamente, en análisis. Pero el trabajo se hace, en el reparto cotidiano, con los niños. Entonces, ¿qué hacemos?, ¿qué decimos? No hay regla absoluta, pero buscamos dejar, en el caso por caso, un amplio espacio a la invención, al encuentro, a la sorpresa. Porque, para estos niños con un gran sufrimiento subjetivo, la invención —siempre un poco sintomática— es esencial, es una parte de su solución, ella les permite estabilizarse o comenzar a producir una solución.
En Le Courtil, sostenemos estas invenciones del sujeto en todos los niveles de la vida cotidiana. Los talleres, que ritman las jornadas y que son el lugar principal de su elaboración, son dejados a la libertad y a la creatividad de los intervinientes (así llamamos a todos los que trabajan sobre el terreno, sean educadores o responsables). No hay objetivo a priori por alcanzar.
El trabajo con los padres funciona sobre el mismo principio. Son recibidos a un ritmo que se decide caso por caso. En principio, los padres no pueden entrar en la parte Le Courtil donde vive su hijo, a fin de respetar la intimidad del joven y, en consecuencia, son recibidos en una oficina. Pero puede haber excepciones.
La pedagogía también está presente en Le Courtil. Cada vez que es posible, se inscriben los jóvenes en el régimen escolar, ordinario o especializado, y para aquellos que necesitan una labor pedagógica más personalizada, igualmente en la institución hay una estructura interna, llamada preciosamente “El Despertar”.
El efecto terapéutico de nuestro trabajo cotidiano también está ligado al hecho de hacer la vida agradable. Los grupos Le Courtil no son grupos terapéuticos, sino grupos de vida: placer y juego tienen su lugar allí».
Así, Le Courtil es la invención de una institución en la cual uno puede inventar.

El caso Paula: de la iglesia a la basílica

La Esperanza 095
Autora: Carolina Koretzky 
Carolina Koretzky
(Psicóloga clínica en el Hospital infanto-juvenil “Clos Benard”. Psicoanalista en liberal. Miembro de la Ecole de la Cause Freudienne et de l’AMP.  Doctora en psicoanálisis, Universidad de Paris VIII).
 
Paula vino a consultar al servicio ambulatorio del hospital donde ejerzo como psicóloga clínica. Se trata de un servicio infanto-juvenil orientado por el psicoanálisis lacaniano. Paula, con apenas 14 años, decidió ella misma consultar: « Me estoy volviendo loca, ayúdeme. Hablo sola, hay cosas muy extrañas que me suceden este último tiempo ». De entrada, Paula me pareció una muchacha valiente y determinada a sentirse mejor y que no retrocede al momento de afrontar lo insoportable.
Paula es una joven a cargo de la asistencia pública desde su nacimiento. Su vida fue marcada por una multiplicidad de lugares de acogida: hogares sustitutos, centros para menores, orfelinatos. Todas las tentativas de un retorno a su domicilio fueron desastrosas. Su madre, toxicómana, tuvo dos niños que dejo en su país de origen. Cuando llego a Francia conoce al padre de Paula, también toxicómano, con quien sigue aun casada. Tres niñas nacieron de esta unión. Las dos primeras fueron dadas en adopción. No fue el caso de Paula ya que su madre nunca quiso separarse de ella. Cuando Paula tiene cuatro años, la familia viaja al país de origen de la madre. Allí, Paula conoce a su abuela materna quien tiene el mismo nombre que ella. En el momento en que yo la recibo en la consulta, Paula vive en un hogar sustituto y ve a sus padres únicamente los fines de semana.
Un lugar donde lo « extraño » puede ser dicho
“Me estoy volviendo loca” me repite Paula, le pregunto entonces: “pero, ¿cómo lo sabe?”. Paula pudo a partir de esta pregunta detallar el tipo de fenómeno psicótico del cual era objeto: “hablo sola en la calle, siento desde chica que alguien me sigue, y con los muchachos las cosas son siempre difíciles ya que ¡todos me aman demasiado!”
Sin embargo, un evento en particular la asusto mucho: “he escuchado una voz…esa voz dijo ‘Paula’, es todo.” Le pregunté los detalles y las circunstancias de aparición de esa voz: “acababa de salir de la escuela, iba a tomar el tren, estaba hablando sola en la calle, durante el recorrido pasé al lado de una iglesia y allí escuché ‘Paula…’, fue muy raro, tuve miedo, tengo miedo aun ya que mi abuela también se llamaba ‘Paula…’, no sé, me pregunto si es ella quien me está llamando para que estemos juntas”.
“¿Una iglesia?” le pregunté. “Si, una iglesia católica, yo iba siempre como mi abuela a la iglesia cuando fui a verla a la isla”. Le pedí entonces que me contara algún recuerdo preciso de ella y con su abuela. Paula narro aquella vez en que en la iglesia, junto a su abuela, ella tuvo una revelación: de repente, Paula se dio cuenta que tenía una familia católica, que todos sus hermanos eran católicos pero ella no entiende por qué no fue bautizada. Aparece otro recuerdo junto a su abuela: de niña Paula tenía un sueño: construir un árbol genealógico. Su madre se negaba a responder a sus preguntas diciéndole “pregúntale a tu abuela”. El fallecimiento de esta última acabó con el sueño de Paula. De regreso a Francia, Paula es nuevamente retirada de su familia y va a vivir a un orfelinato.
Paula prosigue: “antes de escuchar la voz, recuerdo que estaba pensando en la muerte, me preguntaba que es la muerte. De repente me di cuenta que mi abuela estaba muerta, aunque ya lo sabía claro, pero de pronto me di realmente cuenta de eso y me dije: ‘¡pero está muerta!’”. Es esa la frase que precede a la alucinación auditiva.
Al final de esta primera entrevista Paula me cuenta que tiene un cuaderno en donde escribe lo que le sucede. La invito a traerme sus escritos.
La historia sin fin
La vez siguiente Paula vino con un texto en donde detalla las desgracias de su vida. La última frase me interpelo: “tengo siempre la impresión de no existir”. Le pregunté qué quiere decir en esa frase, ella me responde: “Todo ha sido inventado… ¡todo! La música, la literatura, todo…yo a usted la veo, pero, ¿cómo sé que usted me ve a mi?”. En otra entrevista, Paula me dice: “¿para que sirve todo esto? ¿Estudiar, trabajar, si vamos todos a morir? Yo veo a la gente en la calle, van a la oficina, a los bares, ¿se preguntan ellos también si van a morir? Yo me lo pregunto todo el tiempo…Yo siento que vivo para morir”. Paula recuerda que esta impresión comenzó después de haber visto la película “La historia sin fin”. En esa película un niño lee una historia que se termina en el momento en que el libro se cierra… todas las aventuras de la película no son más que aquello que el niño lee.
Solo hace falta cerrar el libro para que todo se termine. Paula denuncia los semblantes del mundo, ese mundo que solo es un sueño, une invención creada por los pobres hombres que se entretienen esperando que se cumpla lo que ya está escrito, que el libro se cierre. Paula tiene la certeza que todo es semblante. Su ironía se expone sin velo, no cuenta con un Nombre del Padre que le permite creer (être dupe) en algo.
 
De la iglesia a la basílica
Las sesiones se prosiguen. La transferencia ya fuertemente instalada, Paula cuenta con las sesiones como un espacio de palabra donde poder dar testimonio de lo que le ocurre. “Le quiero contar lo que me sucedió en la iglesia de Nuestra Señora”. Alejada de la gente, Paula escucha una voz que le dice “tú eres la hija de…”. Paula queda perpleja frente a esta frase interrumpida en donde se puede fácilmente escuchar la vertiente mortífera[1]. De hecho, mi hipótesis es confirmada ya que justo después, Paula me pregunta: “Dígame, ¿en las iglesias, hay tumbas?”. Recordemos el contexto de aparición de la primera voz y la vertiente interpretativa de Paula: quizás su abuela la este llamando. ¿Qué podía yo responderle?  Frente a los dos significantes “iglesia” y “tumba” opté por una pluralización del significante “iglesia”. Le dije que no lo sabía, pero que hay otros lugares de culto a parte de las iglesias. Paula me dijo: “las capillas, los claustros, las basílicas…¡pero claro! ¡Es en la Basílica de Saint-Denis que hay tumbas! Las tumbas de los reyes de Francia”.
“Mi gran pasión es la historia”
Nuestras entrevistas continúan. Ellas no son únicamente un depósito de perplejidades y de voces, sino también un lugar de elaboración de un nuevo saber. Los reyes de Francia interesan muchísimo a Paula. También le gustaría investigar la historia de Roma y de Egipto. Es siempre el mismo punto que le importa: “quiero saber cómo nacieron, como murieron y quien fue el sucesor”. Cualquiera sea el tema, el establecimiento de un comienzo, de un fin y de una sucesión de generaciones es la preocupación central de Paula. Nuestros encuentros le permiten organizar un material en gran desorden. El saber universal es nuestra fuente: buscamos libros y enciclopedias sobre los reyes de Francia. Paula saca fotocopias, hace cuadros, compara épocas. Lleva también un cuaderno en donde escribe en la tapa “Cronología”: allí Paula anota la fecha de nacimiento y de muerte de cada rey y el nombre del sucesor. Luego aparecen tres otros cuadernos de notas: 2. Dinastía merovingia, 3. Periodo carolingio y 4. Dinastía Capeta.
 
Los reyes de Francia: de la historia sin fin a una historia limitada
La investigación sobre de los reyes de Francia es un trabajo sobre las generaciones. Ese trabajo implica que, para cada rey, haya un comienzo y un final. Los reyes de Francia tienen el valor, a diferencia de la abuela, de tener una fecha de nacimiento y de muerte. Igual que la abuela, los reyes son católicos, pero están enterrados en una basílica y definitivamente muertos, entonces, no pueden hablar. Estos reyes son el reverso de la abuela, ya que cuando Paula cree escuchar el llamado de la abuela, la vida y la muerte se encuentran totalmente confundidas. La abuela puede a todo momento surgir y llamar desde la iglesia. Paula, en un  movimiento metonímico, logra pasar de la “iglesia” (lugar de la abuela muerta-viva) hacia la “basílica” (lugar de los reyes de Francia muertos). Su solución, como un guante que se da vuelta, parte del punto más insoportable para ella.
El significante del Nombre del Padre no opera una oposición entre la vida y la muerte, y la forclusión de este mismo vuelve en lo real. Ese retorno aparece bajo la forma de una alucinación en donde la vida y la muerte se vuelven indisociables: los muertos hablan. El riesgo de la interpretación delirante “quizás mi abuela me esté llamando” es inminente. Por el contrario, el trabajo histórico de Paula vía el operador “reyes de Francia” es un esfuerzo de separación entre la vida y la muerte. El primer cuaderno “Cronologia” es un ejemplo perfecto de este trabajo ya que allí no es la información que prima sino el orden que se introduce. La lectura del texto de Eric Laurent Interpréter la psychose au quotidien nos aclara acerca del trabajo emprendido con Paula: “Apuntar al sinthome, es subrayar, volver a los significantes, aislarlos, separarlos de la cadena significante, darles todo su lugar, desprenderlos de la cadena significante del sujeto”[2]. Esta dirección de la cura no busca reanimar la cadena S1-S2 que podría acarrear un desbande delirante. El orden producido por la cronología busca al contrario introducir los cortes y los silencios.
Si la “historia sin fin” hace de Paula una increyente en los semblantes y pone en cuestión todo sentimiento de vida, quizás que esta nueva historia que comienza, una historia con fin, la historia de los reyes de Francia, le dará un instrumento del cual servirse a su manera.


[1] En francés « tu es la fille de », « tu es » (tu eres) es una frase equivaca ya que puede tambien escucharse « tuez la fille » (mata a la chica).
[2] Eric Laurent, « Interpréter la psychose au quotidien », en Mental 16 (la traduccion es nuestra).
 

De lo que se pierde la escuela

 
En una mañana sin clientes en la academia de música, (claro todos los niños están en el cole), entra un hombre delgado y tímido con vacilantes preguntas. “¿dictan clases a niños?, ¿y en la mañana hay alumnos?, ¿quién dicta las clases?”
Al confrontarlo en busca de su necesidad cuenta que es un niño diferente, raro, con problemas, pero le gusta mucho la música, dice.
Muy dispuesto, curioso e interesado le pido conocer el niño,
“¿si……está en el carro….. Lo traigo?
¡Claro! con intriga en espera de quien sabe que rareza, aparece un niño de ojos redondos e inmensos, dulce, despierto, vivaz, entrador y encantador, que examina todo con sus grandes ojos y pregunta insistente y obsesivamente  ¿Te gusta la música metálica?, ¿te gusta la música metálica?, ¿ te gusta la música metálica?
En esa mañana de 1994 inicia mi viaje por este extraño síndrome, para el momento desconocido, o mejor, diría yo ignorado, pues fue investigado desde 1885 por el neurólogo francés Gilles de la Tourette de quien lleva su nombre, descrito en textos de miles de años de antigüedad y del que poco se sabía en Colombia.
En sesiones diarias de batería, la arrogante escuela que niega la entrada a quien le resulta incómodo, me dio el placer de compartir con este niño lleno de virtudes y habilidades, tantas o más, como las que tienen quienes creen no tener ninguna “anormalidad”, pues ningún colegio resulta dispuesto a recibir niños con tourett y en la mayoría de los casos son desescolarizados, cuando sus síntomas son marcados y regulares.
El programa impuesto, fácilmente se adaptó a sus particularidades, iniciando con solo sesiones de dos o tres minutos frente a la batería: ¿puedo ir al baño?, ¿puedo ir al baño?, ¿puedo ir al baño?, sus tics vocales y motores , obsesiones y compulsiones, no fueron impedimento para obtener resultados, Solo bastó con proponérselo, acogerlo, abrir brecha para él, en lo metodológico y en lo social y al poco tiempo estaba integrado a la comunidad educativa, con sorprendentes resultados, tocando en un ensamble instrumental, estudiando solo en el salón durante sesiones de más de una hora, además de relacionarse con niños, maestros y padres.
Experiencia que con el tesón de una madre decidida a sacar a su hijo adelante, nos lleva a conformar la asociación del síndrome de tourett en Colombia, en busca de difundir en la comunidad el síndrome, conociendo más casos y conformando un grupo de niños para desarrollar ante todo actividades sociales, con un altísimo impacto terapéutico en los niños y sus familias.
De lo que se pierde la escuela formal al negar el ingreso a niños como este, niños con memoria enciclopédica, oído absoluto, pasión por la historia o la música, creatividad desbordante, seres capaces, ¿de cuánto? no lo sé, eso sí, de lo suficiente para ser felices, impactar positivamente su entorno, construir vínculos y contribuir desde su condición a la construcción de un mundo mejor.
De lo que se pierde la escuela, por esa modalidad perversa de limitar el ingreso midiendo lo que el niño no puede, ignorando lo que puede y desconociendo lo que podría, buscan niños para la escuela y necesitamos escuelas para los niños.
De lo que se pierde…. de una única posibilidad de entender y enseñar a niños, padres, maestros y comunidad de la particularidad humana, de la tolerancia, del amor verdadero, de la condición humana, de la fragilidad del ser, herramientas poderosas para enfrentar la vida y como lo evidencia esta sociedad intolerante y violenta, el aparato educacional fracasa en enseñar.

Seminario ¿Qué tratamiento posible para los autismos y las psicosis infantiles? Respuestas del Psicoanálisis

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Este seminario abierto, busca realizar una actualización y puesta al día del debate y de las posturas principales del psicoanálisis lacaniano con relación a la clínica del autismo y las psicosis, en contraste con otros modos de intervención. El recorrido contiene diferentes aspectos: Primeramente interesa especialmente significar la enseñanza de los testimonios escritos existentes de sujetos autistas, acerca de un funcionamiento particular que contiene en sí mismo la “solución” que cada uno encontró; como también darse a la tarea de extraer los principios que fundamentan las diversas propuestas de intervención terapéuticas existentes que derivan en concepciones más o menos ocultas a la luz del interés por entender la subjetividad que está en juego en el autismo. El tratamiento psicoanalítico esgrimirá sus razones a la hora de dar cuenta de lo que orienta su práctica, no sin considerar lo que entiende como una absoluta novedad en el esfuerzo que puede hacer un sujeto para encontrar un lugar menos inhóspito que el del radical aislamiento del Otro. No obstaculizar este esfuerzo es lo que el psicoanálisis encuentra como la dignidad de su acción.
Posteriormente, el campo de las psicosis como tal y el diagnóstico diferencial con los autismos, permitirá nutrir una clínica con las consecuencias éticas que requieren pensar las maneras de tratar los síntomas que un sujeto puede presentar y sostener las estabilizaciones logradas en diferentes ámbitos de desenvolvimiento del niño o del joven.
*Este seminario se enmarca en la línea “Propuestas de Intervención clínica para las psicosis y autismos en niños y jóvenes. Hacia una práctica dialogada”, de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá.
Para asistir al seminario se debe tener como condición una práctica de intervención activa y/o estar concernido por el tema en cualquiera de las vertientes posibles: trabajo institucional, investigativo, clínico, educativo, etc.

  • Responsables: Lizbeth Ahumada, Laura Arciniegas, María Solita Quijano, Emilio Herrera
  • Horario: lunes 12:o0am semanal
  • Inicio: febrero 26 de 2017
  • Lugar: Nueva Escuela Lacaniana (Cra. 11B No. 99-54 Of. 602)

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El psicoanálisis lacaniano puede escuchar al autista

 

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El pasado martes 2 de abril, Día Internacional del Autismo, sorprendió la no poca atención que mereció el tema en nuestro medio. Diversos medios de comunicación aludieron a la problemática del autismo e incluso se esforzaron en darle rostro presentando testimonios de jóvenes autistas o de sus padres. Hay que reconocer que el interés que suscitó se tradujo en preguntas genuinas de aquellos para quienes el tema era una verdadera novedad: ¿Qué es eso del autismo?! O para aquellos que ya tenían un prejuicio al respecto producto de alguna lectura ligera o información lejana y desprevenida: son niños que no hablan, que son agresivos, que rehúyen cualquier contacto con su entorno; un verdadero enigma que, paradójicamente, no ha invitado mayormente al acercamiento de su desciframiento o al menos a un entendimiento de este funcionamiento.

Llamó mi atención, en este panorama de “inquietud atenta” por el tema durante ese día, la entrevista aparecida en el diario El Tiempo, página 15, titulada: “Mi hijo puede llegar a ser lo que él quiera, ¿por qué no?”. En efecto, se publica la entrevista hecha a la madre de un niño de 5 años y medio que tiene autismo. No solo es una entrevista conmovedora sino verdaderamente ilustrativa de lo que representa el deseo decidido de una madre por entender, por acercarse a aquello inexplicable que le acontece a su hijo. Al amor, esta madre le añade tal deseo preciso, sin ambages. Y es claro que no se trata de un deseo de saber esquemático, rígido, académico (aunque no lo desconoce), de letra muerta. Más bien se trata de un deseo vivo que implica leer de manera atenta, entre líneas, no solo lo que aparece como una firme voluntad del niño de no establecer un contacto sin mediación con los otros, con el mundo digamos, sino las condiciones en que el niño puede acceder mínimamente, a su manera, a esa relación. Y para eso, hay que consentir, acoger la inmensa novedad que implica que un sujeto establezca su modo de relación; y eso no solo no es fácil sino que en la labor se deben franquear umbrales que rompen con los esquemas de “la vida en común” (muchos padres pueden testimoniar que muchas veces la decisión de seguir el camino que va trazando el trabajo de su niño autista, los deja a ellos mismos sumidos en la idea de estar viviendo en un mundo aparte).

Susana, así se llama la madre de la entrevista, de talante investigativo –es bióloga, demuestra que se ha ocupado de leer y estudiar el tema desde diversas perspectivas disciplinares; pero también nos narra lo que ocurre cuando deja de leer los signos de la realidad circundante para empezar a leer los signos subjetivos de su hijo Gabriel, y a entender o proveer de cierto significado la acción del niño, su elección por ciertos objetos y no otros, sus manifestaciones de angustia o temor, etc. Es decir, intenta ver en lo que hace Gabriel un mensaje de búsqueda laboriosa de cómo poder relacionarse con el Otro sin sentir su presencia como una invasión masiva que lo anula como ser. Porque es verdad, hay que vivir al Otro de determinada manera para necesitar edificar una barrera que lo mantenga a distancia. Nos describe entonces Susana un mundo vigoroso de elementos simbólicos en Gabriel a los que ella no duda en prestarse (y prestar a otros: terapeutas y entorno educativo) para facilitar la tarea de organizar, lo que se presenta como aislado y disperso. O sea, no se trata de la organización establecida según los parámetros del Otro social, sino de la organización de lo que el niño da a ver. En este sentido, nos relata cómo va tratando de nombrar para Gabriel aquello que ve como una demarcación de una cierta elección, relativa por cierto al ámbito de deseo en que los padres se desenvuelven, la biología. Así, la figura del delfín como objeto preponderante en el contexto de vida de Gabriel, cobra todo su valor. Algo se transmitió para él de sus padres, y es esto lo que Susana puede interpretar y explicar a otros, hay no solo que respetar este objeto que delimita algo para Gabriel dentro de su mundo, sino que además hay que alentar el camino que conlleva la ampliación de esta delimitación pero entiéndase, a partir de ella. De igual manera, nos dice, intenta localizar en el tiempo y el espacio los momentos en que Gabriel es presa de una gran zozobra que manifiesta con un llanto profundo. Los padres intentan atemperar la angustia incontrolable de Gabriel, lo acompañan, incluso le facilitan el contacto con el agua en un suave baño, pero en sí mismo son momentos que por ahora van siendo localizados sin imponer el orden (que no es igual a la organización a la que aludimos antes) o acudir a castigos persuasivos o, etc. Se logra detectar que en estos momentos es patente que un desvalimiento muy grande cobra el ser de Gabriel y sus padres, no sin sufrimiento por la impotencia que esto conlleva, lo acompañan e intentan poner sobre ese vacío radical, alguna imagen o algún símbolo que ayude a tomar distancia de esa masiva sensación para el niño.

Ahora bien, cuando Susana nos narra el drama que ha significado su búsqueda de entornos y/o propuestas terapéuticas para su hijo, hay una que nos llama la atención, puesto que es planteada como ejemplo de las desviaciones y las incongruencias en que se puede incurrir al desconocer la problemática del autismo. Ella cuenta que en una ocasión a alguien se le ocurrió ¡hablarle del psicoanálisis! A lo que ella respondió (no sabemos si a su interlocutor): ¡Qué absurda idea, si su niño no hablaba! Efectivamente, él, su niño, Gabriel, no habla; pero esto claramente no hizo retroceder a Susana a la hora de tomar lo que Gabriel hacía como algo no ajeno al lenguaje o a la comunicación. La interpretación de esta intencionalidad de comunicar del niño (cuestión que funda en todo niño la relación con el otro; es decir es el otro el que significa un grito, por ejemplo en el recién nacido, como un llamado, como algo pleno de sentido. Es lo que el psicoanalista Jacques Lacan plantea: es el Otro el que determina que una señal sea un mensaje, una intención de pedido) Ella misma no creía que porque no había un uso efectivo de la palabra, porque no se producía el acto mismo de hablar (el lenguaje funcional del que hablan terapistas del lenguaje y educadores), no había algo que entender en lo que Gabriel decía sin decir –con la palabra, es claro.

Este señalamiento de Susana respecto al psicoanálisis me evocó enseguida un pequeño texto, que en realidad puede ser tomado como un manifiesto, del psicoanalista francés Jean Claude Maleval, elaborado como aporte a la cruzada por el Año Internacional del Autismo en Francia, designada como “gran causa nacional” (el pasado año 2012): Con los mismos signos de admiración que podemos asumir en las palabras de Susana, Maleval titula su texto: ¡Escuchen a los autistas! (es un libro que no excede las 40 páginas y que argumenta la pertinencia del abordaje psicoanalítico del autismo). Así, tanto lo que la entrevistada nos relata como lo que nos dice Maleval coinciden en un punto (desplazando la cuestión del habla como tal), y es que: ¡hay algo que escuchar! Seguramente este enunciado Susana lo suscribiría, puesto que es lo que nos dice respecto a lo que laboriosamente ha ido construyendo para Gabriel, terreno que permitirá que Gabriel haga su propia construcción, porque él trabaja permanentemente en eso.

El psicoanálisis como experiencia acoge a los niños cuando ellos lo pueden requerir; los niños con autismo no han sido la excepción. ¡Al contrario! Hay una clínica que lo demuestra, que puede razonar su práctica, que se configura como un espacio en el que el niño encuentra que su trabajo incesante es alojado; porque sí, hay que entender que aquello que parece un disparate o un sinsentido para el observador, para el niño es un modo de elaborar lo que resulta insoportable por un exceso del que es presa; en este sentido es un niño que no cesa de trabajar; y, el psicoanalista, que valora esa producción y la acompaña, provee ese deseo de acoger la invención del niño (el modo que encuentra para ir mediando en la relación con el otro) como única y de ahí halar el hilo con la ruta que el niño va trazando. En este sentido el psicoanalista toma en serio aquello que tan justamente Donna Williams, en su libro “Alguien en algún lugar” describe a partir de su experiencia: “el (niño) autista busca un guía para que lo siga”. Y esto, entendido dentro del contexto de un tratamiento analítico cobra un valor clínico para ubicar lo singular en cada niño que da la forma irrepetible a este encuentro. Un guía presto a seguir el recorrido subjetivo de un niño, pero también alguien que puede contribuir a encausar lo que aparece como intratable. Esto, para Antonio Di Ciaccia, psicoanalista italiano, da cuenta de lo que es lícito de parte del particular guía (lugar al que puede estar conminado un psicoanalista), en lo que se refiere a ciertos franqueamientos necesarios en el propio circuito de la vida y del deseo de cada niño autista: “un suave forzamiento”; contrariando así la idea de imposiciones o forzamientos que no tienen nada que ver con lo que el niño pone a disposición como modo de operar con aquello que lo angustia. Decir lo que ocurre cuando un niño se encuentra con un psicoanalista es fundar las razones de ese encuentro y alojar lo que el sujeto trae para darle cabida como una producción que implica un esfuerzo enorme de su parte y que se valora y acoge plenamente. Así, el niño y el psicoanalista, encuentro posible que determina un espacio privilegiado para dar cabida a los modos de prueba que el niño hace, cuando está decidido a ello, en el intento de establecer un marco de eso que no lo abandona y que lo aísla del otro. En este sentido la salida o la resolución tiene el límite de este marco justamente, porque no se puede medir una invención propia, como toda invención, con algo normativo, es la esencia de lo original: es inconmensurable. El encuentro con un otro puede ser decisivo, pero para que ese encuentro se produzca debe haber un consentimiento de los involucrados; sin embargo, como en el amor, favorecer las condiciones es un modo de otorgar posibilidad a que ocurra. Hay en este sentido varios testimonios recogidos en primera persona, como también testimonios recogidos por otros, padres o familiares, que dan cuenta de lo crucial para alguien, para un niño con autismo, de que se produzca. La serie es larga, pero podemos al menos nombrar algunos: Temple Grandin, Daniel Tammet, Donna Williams, Birger Selling, Jacqueline Berger y muchos otros. Algunos de ellos tienen la capacidad del habla, otros nó, Pero eso no les ha impedido hacerse escuchar. Ciertamente, es verdad, debe haber alguien atento, que otorgue al signo una escucha posible, alguien que desee escuchar en lo que se cifra, un modo único de decir.

 

La palabra de cada uno


Uno de los principios fundamentales de la práctica psicoanalítica es acoger las diferencias subjetivas considerando a cada quien, uno por uno, en su singularidad. Y ello con el fin de que cada uno encuentre su manera de decir, su enunciación personal. Lo que llamamos “estilo”, es el color de la palabra, depende de ese lugar desde donde se habla. Difiere del rol, que puede aprenderse y repetirse; y de los enunciados, del conjunto de lo que se dice.
Ese lugar desde donde hablamos se traduce por una manera de decir, y por lo tanto, por una manera de escuchar.
El lugar desde donde se habla es lo que llamamos “posición subjetiva” y es convocada cuando debemos pronunciarnos ante las cosas importantes en la vida, las cosas en las que nos comprometemos y en las que encontramos una satisfacción.
Desde ese lugar de la palabra pueden surgir auténticos actos de palabra. Un acto es algo muy distinto de un comportamiento. Hanna Arendt, en los años 60, anticipaba lo peor si prosperaba la psicología de la conducta, porque pensaba que ello traería como consecuencia la supresión de las diferencias personales, aquellas que hacen los actos memorables, ejemplares, dignos de ser recordados.
El psicoanálisis nos enseña que la matriz de ese lugar desde donde hablamos se ha forjado a partir de lo que Lacan llama “nuestras necesidades más humildes” durante nuestra experiencia de la infancia. Formamos parte del mundo y de su murmullo constante, de su incesante blablá. Nada nos garantiza que podamos, que sepamos en todo momento hablar desde ese lugar genuino.
Psicoanalizarse enseña a asumir el riesgo de ese lugar, consintiendo al vértigo que supone la ausencia de garantías, cada cual habla en su nombre y además, nada nos asegura que sepamos hacerlo en cada momento. Aunque, por eso mismo, cuando acontece, nos reporta, en términos de Virginio Baio, la alegría del acto ético.
Ese es el lugar que conviene cuando recibimos un jovencito o jovencita en nuestra consulta, el lugar que le otorga la posibilidad de ocupar el suyo, su lugar auténtico en la palabra, su decir propio, que tiene que ir conformándose en el enfrentamiento a poderosas fuerzas: Por una parte, los discursos de los adultos; por otro, la palabra de sus pares y, por último, lo que acontece en su cuerpo. No nos extrañe que se despiste a veces, en el abanico de posibles donde busca probar y probarse a sí mismo que es real, que lo que está viviendo no es un sueño. Por eso Lacan, contrario a toda visión romántica, vinculaba esta época de la vida al despertar. Porque es un momento de encuentro con un imposible, con un límite de la estructura en lo relativo a la sexualidad. (Si pensamos que todo es posible andamos extraviados.) Lacan decía, respecto a las ficciones que prohíben el goce que, si no existieran, habría que inventarlas. Y ello en la medida en que las prohibiciones prefiguran el lugar de lo imposible que salvaguarda el deseo.
Lacan definía al adulto como aquél responsable de su goce, es decir, de las consecuencias de sus actos y palabras. Ironizaba al considerar que, en su mayoría, los adultos se presentan como adulterados.
En el intercambio con los jóvenes, en nuestra necesaria conversación, es importante respetar la disimetría entre adultos y adolescentes. Los jóvenes de hoy tienen un radar muy sensible a la impostura y no actúan como antaño, rebelándose, denunciándola. Se callan, renuncian, lo dan por perdido, se repliegan en un moroso abatimiento.
Nos corresponde a nosotros aclararnos y esforzarnos en ocupar el lugar que conviene para ayudarles en la ardua tarea de afianzar su decir, su manera singular de enfrentarse a la existencia. Cada ser que llega a este mundo debe recorrer ese camino y cada uno representa una experiencia inédita. Así se desprende de lo que dice el poeta Xavier Lete, en una hermosa canción de Miquel Laboa.
Izaren Hautza
El polvo de las estrellas se convirtió un día
En germen de vida
Y de él surgimos nosotros en algún momento
Y así vivimos, creando y recreando nuestro ámbito.
Sin descanso. Trabajando pervivimos
Y a esa dura cadena estamos atados.
(…)
El hombre (…)
Busca afanosamente la sabiduría y la luz
Y en esa búsqueda no conoce el descanso
Se orienta por sendas oscuras
Y va inventando nuevas leyes,
Jugándose en ello la vida.
(…)
Del mismo tronco del que nacimos nosotros
Nacerán otras ramas jóvenes que continuarán la lucha.
(…)
Por la fuerza y evidencia de los hechos
Convertirán en fecunda y racional realidad
Lo que en nosotros es sueño y deseo.
 
¡Qué bueno sería un encuentro de adultos y jóvenes para comentar este precioso poema!
 


En el principio era el verbo

Imagen de Alejandra Mavroski - http://www.flickr.com/photos/adenocorticotropina/336295941/
Imagen de Alejandra Mavroski – http://www.flickr.com/photos/adenocorticotropina/336295941/

Sí, para cada uno de nosotros, seres hablantes, al principio de nuestros días, el verbo estaba ahí…y era del Otro. A cada uno de nosotros, seres hablantes, nos fue instilado el lenguaje, gota a gota, por nuestros próximos. Es bien sabida la importancia que tiene para nuestra subjetividad que los otros, nuestros próximos, no sean anónimos. Que en aquellos que nos arrojaron al mundo, hayamos podido reconocer un deseo, con nombre y apellido, de participar en nuestro principio. Cada uno de nosotros atrapó, por la inmersión en las turbias aguas del incesante parloteo que llamamos humanidad, algunas ramitas para mantenerse a flote en este dicharachero ambiente de deseo, sentido, imperativos, gritos y susurros.
En cada uno de nosotros se ha reiterado el ensayo de la experiencia singular de nacer a la vida como alguien que puede decir “yo”. Cada uno de nosotros proviene de las necesidades más humildes, y desde el más absoluto desamparo va afianzándose en la vida, tratando de apropiarse del Verbo del Otro para ser, nosotros, cada uno, Verbo, y cada uno, uno. Lacan no dejaba de manifestar su asombro ante el desconocimiento manifiesto de esta realidad tan evidente.
En el verbo se conjuga el pronombre y la acción de la gramática libidinal: gracias al verbo nos hacemos oír, llevando a ratos, la voz cantante, cuando en realidad, somos siervos de un discurso cuyo alcance ignoramos. Gracias al verbo nos hacemos ver, porque al ser vistos nuestra imagen se distingue y podemos reconocerla como propia. Gracias al verbo obtenemos, al ser escuchados y por ser vistos, una ignota satisfacción que nos otorga un cuerpo y con ello, el movimiento.
En algunos de nosotros, los llamados autistas, el Verbo se congela. Ellos, los autistas no se hacen ver ni oír. Ellos, los autistas, temen y tiemblan ante la voz y la mirada que se añade al Verbo del Otro. Ellos no hacen uso del verbo para ser en el decir, para reclamar su lugar e imponerse. Ellos se refugian en el silencio o profieren parrafadas sin sentido, ecos, retazos sin enunciación. ¿por qué han renunciado al placer del sentido? ¿Por qué se niegan a la vida en el Verbo refugiándose en enigmáticas estereotipias?
Insondable decisión del ser, el suyo es un trabajo extremo de defensa ante la angustia inconmensurable que se desprende de estar privado del Verbo y, con ello, del aquí y allí, del mañana y el pasado, del yo y el tú, de lo que distingue lo mío y lo ajeno, de las alegrías y penas que nos aportan las palabras.
Debido a esa precariedad son presa fácil de la ferocidad evaluadora que dictamina valores deficitarios en su rasero estadístico, mortificante e inclemente. Cuando algunos se rebelan a sus autoritarios dictámenes y, en su desesperación, aúllan o se agitan, hiperactivos, se les aplica el recurso a la diosa Química.
La vida en el Verbo, la diversidad inmensa de la humanidad hablante nada importa a los cautivos en el atractivo hipnótico del adjetivo “científico”. Ellos sirven voluntariamente al mercadeo que todo lo intoxica con su lenguaje de gestión, y la mano no les tiembla al firmar sus condenas: “incurable”. Ellos han sido eximidos de la responsabilidad que requiere el Verbo. Su garantía son las imágenes del cerebro, los cargos, las acreditaciones universitarias, los fármacos. Siervos de un discurso ciego y embrutecido se envalentonan llegando a despreciar el saber acumulado durante veinte siglos de pensamiento ético y político, de clínica, lógica y literatura. La prensa garantiza su supervivencia con monótona insistencia.
Ellos pregonan que el complejo dramatismo de la vida humana se reduce a conductas cuyas pruebas fueron arrancadas a las ratas. Pero el animal, preso en la Necesidad, puede y, de hecho, prescinde de la lógica. En cambio, el ser hablante la precisa aunque la ignore, para orientarse en el Verbo y conseguir tejer, con los hilos de deseo, la Vida. Servir al discurso freudiano supone haber renunciado a la idea de Voluntad en pos de elegir amarrarse y someterse a su lógica, que coloca en su debido lugar la Causa, la causa del decir, que es la causa del deseo. Desde allí, invitamos a los autistas a servirse del Verbo, a advenir al ser una vez vencidas en nosotros las tentaciones autoritarias, las mismas que exigen nuestro sacrificio a dioses oscuros.