El caso Paula: de la iglesia a la basílica

La Esperanza 095

Autora: Carolina Koretzky 

Carolina Koretzky

(Psicóloga clínica en el Hospital infanto-juvenil “Clos Benard”. Psicoanalista en liberal. Miembro de la Ecole de la Cause Freudienne et de l’AMP.  Doctora en psicoanálisis, Universidad de Paris VIII).

 

Paula vino a consultar al servicio ambulatorio del hospital donde ejerzo como psicóloga clínica. Se trata de un servicio infanto-juvenil orientado por el psicoanálisis lacaniano. Paula, con apenas 14 años, decidió ella misma consultar: « Me estoy volviendo loca, ayúdeme. Hablo sola, hay cosas muy extrañas que me suceden este último tiempo ». De entrada, Paula me pareció una muchacha valiente y determinada a sentirse mejor y que no retrocede al momento de afrontar lo insoportable.

Paula es una joven a cargo de la asistencia pública desde su nacimiento. Su vida fue marcada por una multiplicidad de lugares de acogida: hogares sustitutos, centros para menores, orfelinatos. Todas las tentativas de un retorno a su domicilio fueron desastrosas. Su madre, toxicómana, tuvo dos niños que dejo en su país de origen. Cuando llego a Francia conoce al padre de Paula, también toxicómano, con quien sigue aun casada. Tres niñas nacieron de esta unión. Las dos primeras fueron dadas en adopción. No fue el caso de Paula ya que su madre nunca quiso separarse de ella. Cuando Paula tiene cuatro años, la familia viaja al país de origen de la madre. Allí, Paula conoce a su abuela materna quien tiene el mismo nombre que ella. En el momento en que yo la recibo en la consulta, Paula vive en un hogar sustituto y ve a sus padres únicamente los fines de semana.

Un lugar donde lo « extraño » puede ser dicho

“Me estoy volviendo loca” me repite Paula, le pregunto entonces: “pero, ¿cómo lo sabe?”. Paula pudo a partir de esta pregunta detallar el tipo de fenómeno psicótico del cual era objeto: “hablo sola en la calle, siento desde chica que alguien me sigue, y con los muchachos las cosas son siempre difíciles ya que ¡todos me aman demasiado!”

Sin embargo, un evento en particular la asusto mucho: “he escuchado una voz…esa voz dijo ‘Paula’, es todo.” Le pregunté los detalles y las circunstancias de aparición de esa voz: “acababa de salir de la escuela, iba a tomar el tren, estaba hablando sola en la calle, durante el recorrido pasé al lado de una iglesia y allí escuché ‘Paula…’, fue muy raro, tuve miedo, tengo miedo aun ya que mi abuela también se llamaba ‘Paula…’, no sé, me pregunto si es ella quien me está llamando para que estemos juntas”.

“¿Una iglesia?” le pregunté. “Si, una iglesia católica, yo iba siempre como mi abuela a la iglesia cuando fui a verla a la isla”. Le pedí entonces que me contara algún recuerdo preciso de ella y con su abuela. Paula narro aquella vez en que en la iglesia, junto a su abuela, ella tuvo una revelación: de repente, Paula se dio cuenta que tenía una familia católica, que todos sus hermanos eran católicos pero ella no entiende por qué no fue bautizada. Aparece otro recuerdo junto a su abuela: de niña Paula tenía un sueño: construir un árbol genealógico. Su madre se negaba a responder a sus preguntas diciéndole “pregúntale a tu abuela”. El fallecimiento de esta última acabó con el sueño de Paula. De regreso a Francia, Paula es nuevamente retirada de su familia y va a vivir a un orfelinato.

Paula prosigue: “antes de escuchar la voz, recuerdo que estaba pensando en la muerte, me preguntaba que es la muerte. De repente me di cuenta que mi abuela estaba muerta, aunque ya lo sabía claro, pero de pronto me di realmente cuenta de eso y me dije: ‘¡pero está muerta!’”. Es esa la frase que precede a la alucinación auditiva.

Al final de esta primera entrevista Paula me cuenta que tiene un cuaderno en donde escribe lo que le sucede. La invito a traerme sus escritos.

La historia sin fin

La vez siguiente Paula vino con un texto en donde detalla las desgracias de su vida. La última frase me interpelo: “tengo siempre la impresión de no existir”. Le pregunté qué quiere decir en esa frase, ella me responde: “Todo ha sido inventado… ¡todo! La música, la literatura, todo…yo a usted la veo, pero, ¿cómo sé que usted me ve a mi?”. En otra entrevista, Paula me dice: “¿para que sirve todo esto? ¿Estudiar, trabajar, si vamos todos a morir? Yo veo a la gente en la calle, van a la oficina, a los bares, ¿se preguntan ellos también si van a morir? Yo me lo pregunto todo el tiempo…Yo siento que vivo para morir”. Paula recuerda que esta impresión comenzó después de haber visto la película “La historia sin fin”. En esa película un niño lee una historia que se termina en el momento en que el libro se cierra… todas las aventuras de la película no son más que aquello que el niño lee.

Solo hace falta cerrar el libro para que todo se termine. Paula denuncia los semblantes del mundo, ese mundo que solo es un sueño, une invención creada por los pobres hombres que se entretienen esperando que se cumpla lo que ya está escrito, que el libro se cierre. Paula tiene la certeza que todo es semblante. Su ironía se expone sin velo, no cuenta con un Nombre del Padre que le permite creer (être dupe) en algo.

 

De la iglesia a la basílica

Las sesiones se prosiguen. La transferencia ya fuertemente instalada, Paula cuenta con las sesiones como un espacio de palabra donde poder dar testimonio de lo que le ocurre. “Le quiero contar lo que me sucedió en la iglesia de Nuestra Señora”. Alejada de la gente, Paula escucha una voz que le dice “tú eres la hija de…”. Paula queda perpleja frente a esta frase interrumpida en donde se puede fácilmente escuchar la vertiente mortífera[1]. De hecho, mi hipótesis es confirmada ya que justo después, Paula me pregunta: “Dígame, ¿en las iglesias, hay tumbas?”. Recordemos el contexto de aparición de la primera voz y la vertiente interpretativa de Paula: quizás su abuela la este llamando. ¿Qué podía yo responderle?  Frente a los dos significantes “iglesia” y “tumba” opté por una pluralización del significante “iglesia”. Le dije que no lo sabía, pero que hay otros lugares de culto a parte de las iglesias. Paula me dijo: “las capillas, los claustros, las basílicas…¡pero claro! ¡Es en la Basílica de Saint-Denis que hay tumbas! Las tumbas de los reyes de Francia”.

“Mi gran pasión es la historia”

Nuestras entrevistas continúan. Ellas no son únicamente un depósito de perplejidades y de voces, sino también un lugar de elaboración de un nuevo saber. Los reyes de Francia interesan muchísimo a Paula. También le gustaría investigar la historia de Roma y de Egipto. Es siempre el mismo punto que le importa: “quiero saber cómo nacieron, como murieron y quien fue el sucesor”. Cualquiera sea el tema, el establecimiento de un comienzo, de un fin y de una sucesión de generaciones es la preocupación central de Paula. Nuestros encuentros le permiten organizar un material en gran desorden. El saber universal es nuestra fuente: buscamos libros y enciclopedias sobre los reyes de Francia. Paula saca fotocopias, hace cuadros, compara épocas. Lleva también un cuaderno en donde escribe en la tapa “Cronología”: allí Paula anota la fecha de nacimiento y de muerte de cada rey y el nombre del sucesor. Luego aparecen tres otros cuadernos de notas: 2. Dinastía merovingia, 3. Periodo carolingio y 4. Dinastía Capeta.

 

Los reyes de Francia: de la historia sin fin a una historia limitada

La investigación sobre de los reyes de Francia es un trabajo sobre las generaciones. Ese trabajo implica que, para cada rey, haya un comienzo y un final. Los reyes de Francia tienen el valor, a diferencia de la abuela, de tener una fecha de nacimiento y de muerte. Igual que la abuela, los reyes son católicos, pero están enterrados en una basílica y definitivamente muertos, entonces, no pueden hablar. Estos reyes son el reverso de la abuela, ya que cuando Paula cree escuchar el llamado de la abuela, la vida y la muerte se encuentran totalmente confundidas. La abuela puede a todo momento surgir y llamar desde la iglesia. Paula, en un  movimiento metonímico, logra pasar de la “iglesia” (lugar de la abuela muerta-viva) hacia la “basílica” (lugar de los reyes de Francia muertos). Su solución, como un guante que se da vuelta, parte del punto más insoportable para ella.

El significante del Nombre del Padre no opera una oposición entre la vida y la muerte, y la forclusión de este mismo vuelve en lo real. Ese retorno aparece bajo la forma de una alucinación en donde la vida y la muerte se vuelven indisociables: los muertos hablan. El riesgo de la interpretación delirante “quizás mi abuela me esté llamando” es inminente. Por el contrario, el trabajo histórico de Paula vía el operador “reyes de Francia” es un esfuerzo de separación entre la vida y la muerte. El primer cuaderno “Cronologia” es un ejemplo perfecto de este trabajo ya que allí no es la información que prima sino el orden que se introduce. La lectura del texto de Eric Laurent Interpréter la psychose au quotidien nos aclara acerca del trabajo emprendido con Paula: “Apuntar al sinthome, es subrayar, volver a los significantes, aislarlos, separarlos de la cadena significante, darles todo su lugar, desprenderlos de la cadena significante del sujeto”[2]. Esta dirección de la cura no busca reanimar la cadena S1-S2 que podría acarrear un desbande delirante. El orden producido por la cronología busca al contrario introducir los cortes y los silencios.

Si la “historia sin fin” hace de Paula una increyente en los semblantes y pone en cuestión todo sentimiento de vida, quizás que esta nueva historia que comienza, una historia con fin, la historia de los reyes de Francia, le dará un instrumento del cual servirse a su manera.


[1] En francés « tu es la fille de », « tu es » (tu eres) es una frase equivaca ya que puede tambien escucharse « tuez la fille » (mata a la chica).

[2] Eric Laurent, « Interpréter la psychose au quotidien », en Mental 16 (la traduccion es nuestra).

 

Sobre Miguel Gutiérrez

Psicoanalista, Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (Escuela que reúne varios países de América) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Profesor Universidad del Rosario. Miembro de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá.